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La estación de Beijing

La Gran Muralla en Badaling

I climbed the Great Wall

Esto no son horas

Los tres de la fama

Están por todas partes

 

 

        De “Fonske”  <amlozano@iies.es>

   Fecha Domingo, Julio 25, 2004 21:44

          A  “Todos los contactos”

  Asunto  el oriente boca arriba

queridos todos:

beijing es agotadora. desde dentro se aprecia el rumor de las ciudades con elefantiasis de toda china: avenidas con siniestros rascacielos occidentales, sin gracia ni gusto y hutongs, los barrios tradicionales que hemos visto en las películas de los años cincuenta en donde se hacinan los chinos en viviendas diminutas y que amenazan ruina. desde el primer momento, el calor y la humedad saturada hacen difícil el caminar. nada parece valer lo que cuesta (o nada cuesta lo que parece valer), de modo que unos yuanes son una fortuna o una miseria, depende del portador y el contricante. hay que negociarlo todo: un rickshaw que nos lleva desde la ciudad prohibida al templo del cielo se rinde cuando nos mantenemos inflexibles en veinte yuanes. beijing pasa entonces delirante delante de nuestros ojos como a través de un camino con baches. cuando llegamos, el conductor nos dice "thirty". ni nos inmutamos cuando le alargamos los dos billetes de diez. él entonces nos sonríe. parece decirnos "tenía que intentarlo". se suceden las pagodas magníficas, construidas todas exactamente de la misma manera y la muralla, claro, desde los emperadores mongoles detuvieron la contaminación de sus costumbres hasta que se cayó de puro vieja. recuerdo ahora a caroline, que estaba en hong kong - y eso sólo también ya ponía en funcionamiento la maquinaria de mi obsoleta imaginación - y nuestro intercambio de correo durante el viaje; pienso ahora en ella y en su fiesta techno en la gran muralla. de alguna manera, lamento no haber podido unirnos a ella. lamento que el tiempo nos previniera de visitar hong kong.

en china nada parece normal, no hay nada estándar. cada medida parece recién inventada. abundan las botellas de 596 mililitros, o de 605 (ni uno más, ni uno menos) o de 1223, las toneladas de 980 kilos. hay tantos patrones como chinos. no debe uno escandalizarse si algo no cabe por un centímetro, o le sobran tres cuando se supone que debería ajustar como un guante. por eso tampoco me extraña que ayer nos confundamos de restaurante, que en lugar de cenar en aquel sitio encantador y pequeño que habíamos reservado nos veamos en el centro del gran salón de la versión pekinesa (más que kitsch) de bodasbautizosbanquetesreuniones, comiendo sopa de lengua de pato, aunque sólo sebas tuviera el valor de probarla. ninguno de los camareros nos advirtió que este no era el restaurante. en su descargo, el pato laqueado, aun con palillos, era excelente.

me sorprende observar a todos esos chinos, que como a ellos les pasaba con nosotros me cuesta individualizar, son capaces de aislarse. no se miran unos a otros. la gente, que llena cada esquina, cada tienda, cada templo, se mueven y actúan como si estuvieran solos. esta parece ser la única manera de mantener la privacidad en un país donde la privacidad es imposible. ni siquiera en el metro, donde a cualquier hora los trenes pasan llenos, cuando nos miran con curiosidad, no nos miran como grupo, sino de uno en uno, casi pidiendo la vez para mirar el espectáculo de nuestro transitar ruidoso.

nos alojamos en el harmony hotel. es un hotel agradable a escasos pasos de tiananmen y la estación, en un hutong escondido entre varios rascacielos, uno de los cuales ocupa. por primera vez en el viaje, todo está en su sitio. es confortable y barato. resulta una novedad frente a la abundancia de movimiento y el calor de beijing y, por ejemplo, sus autobuses, frente a los intentos de los chinos por obtener todo lo que puedan de ti. una norma que flota en el aire es que un chino siempre te dirá lo que quieras oír y convenga a sus intereses. en la ciudad prohibida, un conductor de rickshaw nos insiste durante cuarenta minutos que el parque del templo del cielo estaba cerrado por reformas, que nos fuéramos con él. no le hacemos caso y nos encontramos tiantin radiante y abierto, por supuesto. en la oficina central de correos no quieren vendernos sellos porque queremos demasiados y además necesitamos dos para cada postal (en la mente de la dependienta no parece caber el concepto de que diez yuanes también son seis más cuatro). Luego de hacer muchas llamadas, cuando ya estamos fuera, corre tras nosotros para decirnos que habían autorizado la venta (...).

sé que algunos son aficionados a estos detalles, así que los mencionaré para ellos. la noche en beijing es oscura y estrecha. en la misma acera donde te tomas la cerveza te ofrecen el masaje y los cigarrillos chinos de hierbas (no alucinógenos). el ambiente es portuario y decadente. abundan las putas, chinas desgarbadas que no te hablan pero te miran entre la cerveza a la espera de que tú lances la caña, seguras de que picaremos. tengo especialmente una en la memoria, que se fue acercando mesa a mesa, cerveza tras cerveza. no le dimos oportunidad; nos fuimos cuando los anglosajones que las buscan mientras apuran su cerveza de marca nacional llenaban el local. ni siquiera en los bares se libra uno del manto del mercader. nos acercamos a ese bar, creo que se llama the den - la guarida -  nos piden pagar por la entrada y nos vamos sin decir nada. el encargado corre hacia nosotros y nos pregunta si hay algún problema. "no", decimos, "es sólo que no queremos entrar". "¿es por la entrada?". "sí". "no hay problema entonces", y después nos acompaña y le dice al portero que deje pasar a estos amigos.

la atmósfera en beijing, en estas calles que llaman sanlitun, es mística y misteriosa, y nosotros parece que no somos capaces de sustraernos a ella. en cada rincón, chinos apuestan a las cartas o con su propia versión del ajedrez, que incorpora la desusada figura del cañón. una española que nos pregunta una dirección nos sonríe a media voz y nos recomienda un par de sitios con aire benevolente, para irse después moviendo caderas. así es beijing, con todos esos cuentos coloniales aún por escribir, con los sentidos afilados del marinero o del viajero.

advierto que podría estar describiendo detalles y pequeñas historias sin sentido hasta más allá de lo prudente en un correo, pero sé que debo parar. salimos de madrid con una botella de whisky dyc y volvemos de pekín con una de vodka, lo que quiera que signifique eso.

luego sólo hay un vuelo, y de nuevo madrid. dejo de escribir en este momento.

los besos y los abrazos,

fonske.

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Chiquillería

Fotograma

La muralla sin restaurar

Sueño del fin

Sombrillas en la ciudad prohibida

A vista de pájaro

Los hutongs de Beijing

Alguien vela por Beijing

Plaza de Tiananmen

La entrada de la Ciudad Prohibida

Calles de Beijing

El Templo del Cielo

Ajedrez estilo Mao

Última estación

Los dragones imperiales

Stairway to heaven

Por fin aquí

Como si estuviera en chino...

¿Qué qué pasa?