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La estación Kazanskaia

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Vías sobre Rusia

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Adiós Moscú

 

 

       De “Fonske”  <amlozano@iies.es>

  Fecha Lunes, Julio 12, 2004 21:42

          A  “Todos los contactos”

Asunto  à bord de l'ural

queridos todos:

el tren ha sido cómodo, sorprendentemente cómodo; se llama "ural", un nombre que ya me llama a épica. hemos completado nuestra primera etapa sin más que la excitación de moscú y la propia que siempre me dejan las estaciones, tan plenas de olores-sabores-colores, como un guiso delicioso. el tiempo se nos pasa charlando, jugando al ajedrez, leyendo o durmiendo. la vía transcurre la mayor parte del tiempo en una arboleda a modo de túnel. en las estaciones rusas empezamos a ver eso que a partir de ahora seguro que será familiar, las estaciones como mercados poblados y efervescentes. en vekovka, la gente se aproxima con piezas de cristal sin empaquetar, luciéndolas en alto como antorchas. ¿estarán sacadas de sus casas?: lámparas, vasos, tazas. es pintoresco ver el andén convertido en una cristalería improvisada. en vekovka, nos dicen luego, hay una importante fábrica de vidrio.

cuando llego al rellano de fumadores, un ruso que acaba de llegar me alarga un cigarrillo. nuestra comunicación es muy limitada, pero consigo entenderle que viene de chechenia - pumpumpum - es todo lo que dice y va camino de yekaterinburgo. me cuesta creer que este ruso enorme venga del caúcaso, de hacer presente los mitos del diecinueve. pero me convenzo cuando se levanta la camiseta y está cruzada de cicatrices. ahora, cada vez que me acerco al pequeño cuartucho con su aire irrespirable, el veterano me sonríe, como si fuéramos cómplices de algún kalashnikov.

el tren está vivo, es un ser vivo en si mismo, tiene su propia personalidad, sus tiempos de parada y fonda, sus enfados. a veces parece caminar renqueante. otras es lúcido. otras parece dormir y es la vía la que le lleva a él, se desliza como si los carriles fueran sebo. el tren se enfada o se alegra dependiendo de sutiles aspectos de sus pasajeros. las provodnitsas, la manera de caminar en los pasos entre coches, la manera de conducción del maquinista, el uso del samovar con el que nos preparamos el té o el café. sus ruidos cambian según su estado de ánimo, según se vea avanzar la ruta.

en el ural, moscú parece cercano cuando ya has recorrido mil quientos kilómetros a través de la rusia europea.

es media tarde, tiempo caluroso. el ural nos acaba de arrojar sobre yekaterinburgo.

los besos y los abrazos,

fonske.

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