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| A media mañana
me pasé por El rastro, y compré La duda inquietante, de
Gironella, autor que acaba de fallecer, y varios libros antiguos de
formato pequeño. Ya me marchaba a casa tan contento cuando al
pasar por la calle Bastero divisé libros en una tiendecilla de
muebles. La señora que atendía el negocio me acercó
un taburete para que los mirara con más comodidad. Encontré
libros de Valle Inclán, Alfredo Marqueríe, César
González Ruano… Los hojeé y eran primeras ediciones.
Me pidiera lo que me pidiera los tenía que comprar, por lo menos
el de González Ruano… Entró un chaval de veintipocos
años y preguntó que si tenían fotografías
o postales antiguas. Le sacaron una cajita de cartón que contenía
unas pocas y, por lo que pude apreciar, bastante corrientes. Cuando
preguntó el precio la señora le respondió que a
quinientas pesetas la pieza y como el chaval se lo pensaba, ésta
bromeó diciendo, o, si lo prefiere, a tres euros. |