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Los ecos de Asmodeo
:: Felix Angel Muñoz ::

A media mañana me pasé por El rastro, y compré La duda inquietante, de Gironella, autor que acaba de fallecer, y varios libros antiguos de formato pequeño. Ya me marchaba a casa tan contento cuando al pasar por la calle Bastero divisé libros en una tiendecilla de muebles. La señora que atendía el negocio me acercó un taburete para que los mirara con más comodidad. Encontré libros de Valle Inclán, Alfredo Marqueríe, César González Ruano… Los hojeé y eran primeras ediciones. Me pidiera lo que me pidiera los tenía que comprar, por lo menos el de González Ruano… Entró un chaval de veintipocos años y preguntó que si tenían fotografías o postales antiguas. Le sacaron una cajita de cartón que contenía unas pocas y, por lo que pude apreciar, bastante corrientes. Cuando preguntó el precio la señora le respondió que a quinientas pesetas la pieza y como el chaval se lo pensaba, ésta bromeó diciendo, o, si lo prefiere, a tres euros.
-¡Qué carera! - dije para mis adentros-. ¡Ojalá que no le compre ni una postal!
El fracaso en la venta, siempre favorece el regateo. Y no las compró. Puso como disculpa que tenía que marcharse a llamar por teléfono, que luego volvería. Entonces yo intuí que me convendría establecer una estrategia de compra, y lo único que se me ocurrió fue añadir al montón de los libros seleccionados algunos que no me interesaran para poder dejarlos en caso que me pidiera mucho y así conseguir que me bajara el precio.
Cogí El jardín, de Tagore, El buscón, de Quevedo. Una vez reunido el montoncito, le pregunté a la señora, señalando el libro de Tagore
-¿Sabe usted si este autor fue premio Novel?
Ella me respondió que sí, pero no con mucha convicción.
-¿Entonces le mostré el que Quevedo y le pregunté ¿y éste?
-Quevedo es de los buenos. Ese escritor es casi como Cervantes… -Me dijo ella como orgullosa de su sapiencia.
Seguí mirando los anaqueles y encontré primeras ediciones de autores como Zamacois, Mata, Fernando Mora. En total unos 15 libros. Había llegado el momento de pedirle precio.
-50 euros -me respondió después de mirar los ejemplares uno a uno.
-Lo siento -le dije-, pensaba que eran más baratos.
-Es que usted se lleva muy buenos libros.

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