Adelante. Acaba conmigo
si eso es lo que quieres. Alzó el hacha y me destrozó
la cabeza. Sangre por doquier.
Me esfuerzo, no puedo oler nada, estoy muerto. Alguien debería
recoger las camisas de la tintorería.
Ayer comía tarta de chocolate fundido con mermelada de frambuesas
mientras sonaba el teléfono.
No siempre me apetece saber quien me llama.
¿Qué hago?.
¿Me levanto enseguida?.
¿Acaso no estoy indignado?.
Me incomoda verle. Iré al final del pasillo donde hay el muchacho.
Se lo voy a preguntar de una vez.
Encima de la camiseta jersey de cuello ancho. Gafas gruesas negras,
todo concuerda. Qué razonamiento habra seguido. Me preocupa tal
decisión.
Oiga joven, ¿puede usted rechazar un cuello de camisa tan tranquilamente?
Un orden de capas en el vestir, sus consecuencias en el bienestar.
Las corrientes de aire en la boca del metro. Esa mujer se va enseguida.
Se ha presentado ante mi sin dificultades. Humedad. En fin, calefacción
de suelo radiante para ellos.
Volveré para ver nuevamente su expresión. Una casa con
dos puertas iguales. Se encuentra asustado y nervioso, embarazosa situación.
Enrojece. Frunzo el ceño. Sus cinturas al descubierto, eso sí.
Siento la derrota: los jóvenes lo han dejado ya. El solape de
sus prendas. Los revestimientos ya pueden ser de papel de fumar.
Me complace enfrentarme a nuevos proyectos de arquitectura. Declarar
en que modo emocionarán dichos espacios.
© Víctor Almazán Guasch :: yambria :: barcelona :: 2003
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