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La verdad está en los libros [2]

"El Libro De Las Ilusiones", de Paul Auster (Ed Anagrama, 2003)

Empezaremos con Paul Auster por varias razones: es un autor bastante popular, es el último libro que he tenido el placer de leer, es un autor al que conozco bastante bien y al que le tengo bastante cariño, para qué negarlo. Además "Auster" empieza por la primera letra del abecedario.
"Leviatán" y "El Palacio De La Luna" me convirtieron en un auténtico fan de Paul Auster. Ya sé que en literatura no se estilan términos como fan. Nadie dirá "soy fan de Beckett", sino "me gustan mucho las obras de Beckett". Vale. Pero yo me convertí en fan de Paul Auster, digo bien. En dos meses me había leído todos sus ensayos sobre literatura francesa del dieciocho (que se dice rápido), todos sus poemas, sus relatos cortos, su obra de teatro, su autobiografia, entrevistas y, huelga decirlo, sus novelas. Incluso he visto sus películas, que merecerían capítulo aparte. Mi fanatismo ha ido decreciendo con alarmante velocidad con cada nueva publicación de sus novelas, no estoy seguro si debido a que la calidad de sus obras ha caído en picado -especialmente si lo comparamos a las mencionadas más arriba- o si porque mi paladar se ha ido adaptando a otros manjares. Me explico. Paul Auster, como tantos otros autores (Kerouac, Bukowski, Marías...), me deslumbró en un período en el que todavía no había leído mucho. Le agradezco profundamente que me aficionara a esto de leer, pero creo que si hoy mismo leyera a Auster por primera vez no me gustaría tanto. O quizá sí, porque he releído "Leviatán" varias veces y me sigue pareciendo una obra con algo muy especial, valioso. No lo sé.
Bueno, pues "El Libro De Las Ilusiones" -estoy seguro de que la frase que vais a leer ahora ya la habéis leído por ahí en alguna reseña de este libro- me ha hecho recuperar las esperanzas en el de Brooklyn. Joder, reconozco que no daba un duro por él y no es que "El Libro..." sea una maravilla, pero sí que nos devuelve a un Paul Auster en plena forma, volviendo a hacer de una vez por todas todo aquello que un día nos demostró que sabe hacer tan bien: explicar historias. La trama es realmente buena, muy cinematográfica en su desarrollo, llena de lugares comunes en la mejor narrativa austeriana: giros argumentales absolutamente impredecibles, personajes llenos de desesperación y angustia, espléndidos retratos psicológicos, ausencia de subtramas y personajes secundarios que despisten nuestra atención... Pero, por desgracia, no todo es fantástico en esta novela. Las primeras cien páginas cuestan de entrar y no aportan mucho al desarrollo argumental. A Auster le gusta revolcarse con sus desesperados personajes, enseñarnos la profundidad del abismo existencial que experimenta un hombre que ha perdido a su esposa e hijas en un accidente aéreo (realmente son necesarias ochenta páginas para eso?). El capítulo en el que se hace un recorrido por la trayectoria biográfica del ficticio actor cómico Hector Mann también me sobra, lo siento. Sí, a Auster le gusta mucho el cine mudo y todo lo que queráis, pero esa parte es simple y llanamente ABURRIDA. Parece más un ejercicio de estilo que otra cosa: vamos a describir las trece películas que no hizo un actor ficticio.
Todo el mundo que conozco ha disfrutado mucho con el libro; incluso gente que, como yo, ha leído todo lo que ha publicado el autor americano piensa sinceramente que es una de sus mejores obras -algo con lo que uno no está de acuerdo-. Da igual. Se trata de un buen libro que os hará pasar un buen rato, sin más. Aunque si esperáis un poco seguro que podréis ver la adaptación cinematográfica con, qué sé yo, Uma Thurman, Benicio Del Toro y Joe C Reilly.


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© Manel Peña :: yambria :: barcelona :: 2003