| Me siento seguro
hablando de arquitectura, poseo chata nariz. Gusto de abordar lo obvio,
prefiriendo para ello un lenguaje sencillo, nada espontáneo.
Rehuyo a los críticos, más aún las traducciones
de los críticos. Ya solo estoy cuando su autor tiene algo que
decir.
Estornudo una y otra vez, ese gato claro ha vuelto a moverse.
La habitación que el arquitecto cede para sus invitados nunca
debiera sorprenderme. Me he alojado para una noche. Absurdas conversaciones
nutren nuestras mentes desde años. Reconozco fisuras en los revestimientos
continuos del cuarto de estar.
Desconocía su ausencia, me he quedado más solo aún.
Las vistas tangenciales a la Plaza. Las lámparas modelo “Sen-Sent”
pueden comprarse en una tienda de máscaras; pocos elementos sabiamente
juntados tiñen de cálida luz viejos paños del apartamento.
Recorriendo los mismos lugares en busca de evidencias comprendo enseguida,
procesos ya inconscientes gobiernan caducas ansias de naturalidad.
Apruebo el aislamiento del retrete, sin embargo sus reducidas dimensiones
no permiten que me relaje. Ninguna puerta que sea de madera cerrará
jamás; meadas y roedores en la calle.
Vuelvo a la habitación, una alfombra de regateo esconde huellas
y otros detritos. Pliego mi cuerpo, despliego el sofá cama. Bigotes
blancos por doquier. Estoy dolido, decido desconectar la luz. Pronto
saldré a cenar, el motivo de mi presencia en esta ciudad.
El cuarto de baño: delante del espejo observo escamación
entre nariz y pómulo, otra vez. Escribo esencialmente en contra
de esa junta, su diseño apresurado. Hace más frío
dentro del apartamento.
Las copas del restaurante estarán limpias, el camarero mostrará
atención, acertaré mi posición en la mesa. El director
de la escuela cocinando, bromearé. Por fin, la novia del barman
se complacerá acertando la marca de mis gafas. Será tarde
y el gato me recibirá a la vuelta. Dormiré poco y mal,
al despertar me asearé peor.
Ya no puedo cambiar, ahorrar un poco de dinero para vivir más
subyace en el olvido de una temprana catarsis. La nariz como pieza clave
de la presencia física de las personas.
© Víctor Almazán Guasch :: yambria :: barcelona :: 2003
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