| En el fondo
del hueco, seguía la gruta, y ya había que encender las
linternas. Era necesario contornearse para poder seguir descendiendo,
resbalando por la humedad en la arcilla. Había pasos muy estrechos.
Ese tramo lo bautizamos el cuello del útero. Hacía una
temperatura fresca pero constante, y con nuestro movimiento no pasábamos
frío. La oscuridad sin las linternas era total. Descendimos trescientos
metros hasta llegar a una parte más o menos llana. Sin guía
no hubiésemos sabido donde pisar. Algunas zonas eran verdaderamente
peligrosas, con caídas donde no se veía el fondo. En partes
habían puesto tablas de madera para no caer. Las tablas estaban
mojadas, y se doblaban bajo nuestro peso. Algunas giraban sobre su eje
si no pisabas justo en el centro. Hoy tenemos todos agujetas de agarrarnos
a salientes en la roca para no resbalar y caer.
Pero era bonito, y la inaccesibilidad le daba emoción. Estalactitas,
estalagmitas, y extrañas formaciones de la roca. Un goteo continuo
y lento en la cueva. Todos resbalamos en alguna parte, afortunadamente
en ninguna peligrosa. En algunas zonas tuvimos que gatear, o resbalar
por un pequeño tobogán. No sé cuanto tiempo pasó
hasta que el guía nos dijo que ya habíamos andado dos
kilómetros. A la vuelta, había sitios por los cuales tuvimos
que volver por un camino diferente. La verdad es que al volver a ver
la luz del día en el gran hueco, todos nos alegramos. La subida
a la entrada nos agotó. "Me alegro de haber entrado en la
cueva, pero casi más de haber salido," dijo uno. No íbamos
preparados para lo de la cueva, sin el calzado ni la ropa adecuada.
Salimos cubiertos de arcilla.
Seguimos, viendo el paisaje del parque. No es la mejor temporada para
ver algunas cosas, como una catarata que no tenía agua. Taza
parecía una ciudad fea, como muchas que también hay en
Marruecos, como Ouazzane.
El viaje de vuelta fue cansado. En la tele vi la última parte
de las celebraciones de la boda. El sábado habían sacado
a los novios en los platos grandes de plata. Ella iba cubierta por una
sábana, no se le veían ni los ojos. Pero el domingo en
el palacio de Skhirat apareció la pareja vestida con túnicas
tradicionales, pero descubiertos. Me imagino que el rito más
tradicional y cerrado del sábado serviría para agradar
a los islamistas, y el del domingo de cara al pueblo y al exterior.
Los gestos los saben medir muy bien.
Tardé en dormirme, a pesar del cansancio del día.
El lunes fue otro día cansado. Hoy martes nos han reunido a los
expatriados, a exigencia de Roberto, para tenernos al tanto de lo que
está pasando con la venta. El director general dijo que a él
tampoco le tienen informado sus superiores, pero que nos contaría
lo que sabía. Efectivamente, se firmó la venta el miércoles.
La toma de posesión de los franceses sería a principios
de septiembre. Haríamos las maletas durante septiembre, para
irnos a lo largo de ese mes o como mucho algunos a principios de octubre.
Ya tendríamos que hacer nuestra lista de cosas que nos queremos
llevar a nuestros lugares de origen. Estoy deseando irme ya de aquí,
este periodo de espera ha sido muy frustrante.
Hoy es 16 de julio, y soy un año más viejo.
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