Marruecos visto por Iñigo de Noriega
:: Iñigo de Noriega Vegas ::


martes, 16 de julio 2002

Estos últimos días han sido movidos por aquí.
La última semana han estado "engalanando" Rabat para la boda del Rey Mohamed VI de Marruecos con la informática Selma Bennani. Han cortado árboles, plantas y flores; cambiado de sitio carteles de publicidad, cambiando además la publicidad por diferentes retratos del Rey; levantado aceras, etc. La ciudad está llena de banderas rojas con la estrella verde, la bandera de Marruecos. Al lado de esas banderas han puesto otras con colores suaves: blanco, celeste, beige, amarillo, rosa, o lila. Os podéis imaginar en que pienso cuando veo el display multicolor de banderas.
Ahora tengo bastante trabajo, con lo del eterno sistema de averías (Dépannage 037 26 00 26). Y se le ha sumado el abandonado sistema de gestión de reclamaciones, que los de Comunicación ignoraron. Lo tengo que retomar ahora para Pereira, que no sabe lo que quiere, así que estoy haciendo lo que él quiere sin que sepa (él) como pedirlo. Ha llegado Roberto hijo, y le han puesto a trabajar conmigo en esto, durante el verano. Yo pienso lo que hay que hacer, lo programo, y él prueba el programa para ver donde casca. Lo mismo del verano pasado con Labyed.
Más o menos estaba al tanto de que los festejos de la boda durarían tres días, aquí se entera uno de todo por rumores. Pero nadie sabía que tres días serían. ¿Empezando el viernes? El jueves por la noche nadie lo sabía, así que iríamos a trabajar el viernes. Los últimos rumores, siempre contradictorios, decían que anunciarían por la mañana que la tarde sería fiesta. Lo de anunciar durante la mañana el que la tarde sería festivo es algo que no entendía muy bien, pero ya estoy acostumbrado a lo de las fiestas lunares, que nadie sabe cuando son hasta la víspera. Hay calendarios lunares, y podemos predecir eclipses dentro de milenios, de hecho, se pudo calcular el día, el lugar, y la hora exacta de una batalla hace cuatro mil años por que los dos ejércitos huyeron aterrorizados al ver como el sol era devorado en el cielo. Pero aquí la razón es para demostrar quien tiene el mando. El poder elegir los días de fiesta es una medida que tiene mucho poder, y esperar a anunciarlo la víspera, más.
El viernes me desperté con la noticia del Peñón del Perejil, o Layla, el nombre es más bonito en árabe. El teletexto, el correo electrónico, y llamadas telefónicas me pusieron al tanto. Una de las llamadas me contó también que la tarde sería libre.
Por supuesto, aquí nadie sabía nada de lo del Peñón, con las festividades de la boda. Era la primera vez que se conocía a la mujer del rey antes de dar a luz a un heredero. De hecho, yo creía que no se podía ser heredero hasta estar casado, pero puede que la flexibilidad de todo lo que hay aquí haya hecho posible el que Mohamed sea M6 durante tres años estando soltero. Aquí no ha existido nunca una reina. La "reina" era la primera de las concubinas que daba a luz a un heredero, y tampoco tenía privilegios especiales, ni ninguna proyección pública. El publicar la foto de la futura reina hace meses es algo excepcional aquí. Una joven (24 años por 38 de él) universitaria, informática, acorde con los "nuevos tiempos", de clase media (?), y además blanca con largo cabello pelirrojo.
Aquí muchas mujeres se ponen crema protectora, y andan por la calle con una carpeta para no oscurecer más su piel. Los productos blanqueadores también son muy demandados. Cuanto más oscuro eres, peor. ¡Con las marroquíes tan guapas que hay! Los blanqueadores dejan la piel con un aspecto enfermo, descolorado.
La tarde la pasé en casa descansando, sigo mal del talón. En la tele marroquí mostraron los festejos en el recinto del palacio, con el estilo inconfundible local: las carpas, las palmas, las panderetas, la gente besando la mano que el rey rápidamente retiraba…. Aparecía el rey con su hermano detrás, sin rastro de Selma.
Durante la semana, habían llegado rumores de que se habían reunido los socios de Redal (Pleyade, EDP, y Urbaser) en Lisboa con Vivendi para firmar ya la venta. Que se había hecho, y que estaríamos fuera para el primero de octubre. ¿Tres meses después? ¿A quien interesa? ¿A Dragados pagar a varios expatriados haciendo un trabajo que no le va a servir a la empresa? ¿A la Vivendi que sigan los mismos ineptos a cargo de la empresa para seguir hundiéndola? Yo soy un peón en esto.
Por la noche me fui a casa de Manolo y Alicia. Tardé tres cuartos de hora en hacer un recorrido que normalmente me toma ocho minutos, había muchas calles cortadas por el centro, no se podía llegar a la plaza de Bab El Roua. A eso se suma la anarquía habitual. Yo escuchaba dentro del coche por la radio la noticia del día en España, lo del Peñón, y fuera del coche los pitidos del resto de la circulación parada.
La calle estaba tomada por la gente. Muchas de las señoras no habrían salido nunca a las nueve de la noche a la calle, hoy en este día tan especial había que festejarlo. La gente cantando, dando palmas, sentados en las ventanillas de los coches con el cuerpo fuera, banderas, … A mí me recordaba a cuando un equipo de fútbol gana una competición importante en Europa. ¿Cambiará algo para esta gente? ¿Tendrán más trabajo, más pan que llevarse a la boca? ¿Dejarán de morir diariamente cinco mujeres dando a luz? ¿Habrá menos de la mitad de la población analfabeta? ¿Las porras de los policías dolerán menos? Aquí todos los días son iguales, incluso no hay grandes cambios de temperatura a lo largo del año. La gente está ansiosa por celebrar algo, lo que sea.
Nos fuimos al Pastaiolo en coche, estaba algo mejor la circulación por la avenida Hassan II. Cenamos con algunos de los periodistas españoles en Rabat. La noticia del día fue ampliamente comentada. Antonio fue bastante crítico, diciendo que aquí tienen mentalidad de esclavos, fuera de sí ante los "faustos" de la boda.
Durante la cena, como estábamos disfrutando en la terraza de la noche tan buena, vimos los fuegos artificiales. Los lanzaron desde la columnata que tanto me gusta del mausoleo, al lado de la Tour Hassan. A pesar de un edificio un poco alto que nos tapaba algo, los vimos bastante bien. Duraron hasta media hora, y fueron bastante espectaculares, obra de un valenciano, Javier o Francisco González. Por supuesto, los rojos y los verdes predominaron. Había uno de los fuegos que no había visto nunca: al estallar, aparecía una estrella verde de cinco puntas, rodeada de un círculo rojo. Además, siempre con una punta hacia arriba, no dos haciendo un pentagrama satánico.
Yo además tomé de postre profiteroles con ración extra de chocolate, que le pedimos Alicia y yo a la camarera. Volví a casa de Manolo y Alicia, la cual se fue pronto a la cama. Estuvimos hablando del país, intentar comprender las reacciones y la forma de pensar de la gente aquí, tan diferente.
Tengo varias teorías sobre la ocupación de la roca. De siempre Marruecos ha jugado muy bien sus cartas con España. Ahora llevan unos nueve meses sin embajador en España. En el momento de la ocupación, eran justo las celebraciones de la excepcional boda, y no quedaría bien el que España se quejase de una roca deshabitada durante los festejos. También España ha dejado de ocupar la presidencia de la Unión Europea hace pocos días. El estatuto de la roca es especial, no pertenece ni a España ni a Marruecos, pero ya que es algo que no tiene interés, deshabitado y sin recursos, se firmó el que no se cambiase la situación actual por la fuerza (si unos niños quieren pescar en la isla, no hay problema). También ese mismo día salió una noticia, ampliamente mostrada en los telediarios marroquíes: la proposición en la Cámara de los Lores en Inglaterra de la soberanía compartida de Gibraltar. James Baker ya dijo que Ceuta y Melilla, y Gibraltar no sería nunca de España todos juntos y a la vez. Según una fuente de Baquero, los gendarmes se asentaron en la isla con la instrucción de no abandonarla bajo ningún pretexto, y si les pasase algo, morirían por la patria. También España está pasando ahora por una situación delicada, con la huelga general reciente, la confrontación con los sindicatos, y el Debate del Estado de la Nación. Cuando España entró en la OTAN, la OTAN se comprometió a defender las islas Canarias, pero no el Norte de África, léase Ceuta y Melilla y demás territorios. Con lo cual Marruecos sabía que no tendría problemas con los Estados Unidos, uno de sus socios más importantes. Si se consigue que los españoles no reclamen la soberanía de la roca, interiormente se vendería como otro triunfo frente a los vecinos. Y España tampoco puede armar tanto lío por una roca a 200 metros de la costa marroquí.
Volviendo a casa, vi un escenario al lado de la estación. Las calles estaban ya vacías, pero allí estaban bastantes personas subidas, cobrando protagonismo frente a una plaza vacía hace ya tiempo.
El día siguiente me dediqué otra vez a "descansar". Mi talón me impedía ir a lo que más me gusta de mis semanas aquí: el partidillo de fútbol. Vi una película que había grabado de la cadena Arte. Metrópolis, una nueva edición de este año, recuperando escenas perdidas, y llenando con rótulos las escenas definitivamente perdidas, para ser lo más fiel posible a la versión que quería Fritz Lang. Más de dos horas y media, a pesar de las partes que faltaban. Una joya, con las reflexiones, entre otras, sobre la libertad, tanto individual como colectiva, que tanto le preocupaban a Lang. Pensando en como estaban las calles de Rabat, me hizo gracia el ver como mostraba que la inteligencia de las masas es igual a la del más idiota de sus individuos. Una frase: "Mittler zwischen Hind und Händen muss das Herz sein!"
Por la noche volví a quedar con Manolo y Alicia. Paseamos por el centro, por el bulevar Mohamed V cortado al paso del tráfico.
Había verdaderas masas. Delante de la estación la aglomeración era ya máxima, y agobiante. Al hacer un rodeo, vimos que había un círculo aislado por vallas y policías en medio de la plaza. Cenamos donde siempre, en el Goethe, donde nuevamente nos encontramos a los periodistas. El Goethe estaba incomprensiblemente vacío en comparación a como suele estar, y el contraste con las calles llenas de gente deambulando era chocante. Más tarde vinieron Jorge y Roberto, ya que les fue imposible llegar a la Tour Hassan a ver los fuegos artificiales que luego no hubo en la Tour Hassan. Preguntaron a cinco policías, tres dijeron que sí había fuegos, dos que no, y de los que dijeron que sí, en tres sitios diferentes. Ya estamos acostumbrados a esto. Quedé con Jorge y Roberto para la excursión del día siguiente.
Salimos de Rabat a las nueve y media, para llegar al parque nacional cerca de Taza unas tres horas y media después. Taza está al este de Fez, más o menos a mitad de camino entre Rabat y Nador (o Melilla). Era Jorge el que había propuesto el viaje, y el que más lo disfrutó. Yo iba un poco preocupado, la última vez que hice un viaje un poco largo, se me quedó tirado el coche en Marrakech, pero no le pasó nada, y el aire acondicionado funcionó bien. Hacía calor. Entramos por un desfiladero. El paisaje era bonito, entre montañas. Comimos una especie de picnic entre los árboles, con todo lo que habíamos traído: queso, lomo, paté, fuet, tortilla, jamón, y fruta. Estas cosas se agradecen lejos de España.
En el viaje vimos los camiones y furgonetas cargadas al límite, como suelen ir. Vimos un camión rebosante de cebollas, que se no se nos caían encima de milagro. Una furgoneta llevaba una carga consistente en muchas mesas, la altura de la carga superaba a la del vehículo. También están los camiones con una red por encima para que no se caiga la mercancía. Lo que pasa es que la mercancía se desborda por los lados del camión.
Ese día vimos tres accidentes. El que vimos a la ida era al lado de un puente de tren, y era reciente. Estaba la carretera llena de fragmentos diversos, de los cuatro o cinco coches. Entre los accidentados había un cojo, con las piernas cortadas por el muslo. A la vuelta por la noche vimos dos accidentes en la autopista. El primero era como uno de los que puede haber en España, con los coches destrozados, pero al parecer sin gente herida grave. El segundo era un coche que se había caído por un puente, había acabado destrozado entre las columnas.
Seguimos a una gruta que indicaba en la guía. Compramos pilas para las linternas que nos dejaban, y a pesar de que Jorge es espeleólogo licenciado, nos obligaron a coger un guía si queríamos seguir más allá de cierto punto al principio de la gruta. La verdad es que fue impresionante. Tras una escalinata estrecha entre las rocas, entramos en una sala inmensa. Había una abertura al cielo de unos veinte metros de diámetro que dejaba que la luz iluminase el vacío. Parecía que la montaña estuviese hueca. En el hueco cabría sin problemas un edificio de catorce pisos. Me recordaba a alguna escena del Señor de los Anillos, un enorme espacio diáfano debajo de la tierra. La escalera por la que descendíamos la pared daba una sensación de escala no hubiésemos tenido. No sé como no me dio vértigo, siendo como soy.
En el fondo del hueco, seguía la gruta, y ya había que encender las linternas. Era necesario contornearse para poder seguir descendiendo, resbalando por la humedad en la arcilla. Había pasos muy estrechos. Ese tramo lo bautizamos el cuello del útero. Hacía una temperatura fresca pero constante, y con nuestro movimiento no pasábamos frío. La oscuridad sin las linternas era total. Descendimos trescientos metros hasta llegar a una parte más o menos llana. Sin guía no hubiésemos sabido donde pisar. Algunas zonas eran verdaderamente peligrosas, con caídas donde no se veía el fondo. En partes habían puesto tablas de madera para no caer. Las tablas estaban mojadas, y se doblaban bajo nuestro peso. Algunas giraban sobre su eje si no pisabas justo en el centro. Hoy tenemos todos agujetas de agarrarnos a salientes en la roca para no resbalar y caer.
Pero era bonito, y la inaccesibilidad le daba emoción. Estalactitas, estalagmitas, y extrañas formaciones de la roca. Un goteo continuo y lento en la cueva. Todos resbalamos en alguna parte, afortunadamente en ninguna peligrosa. En algunas zonas tuvimos que gatear, o resbalar por un pequeño tobogán. No sé cuanto tiempo pasó hasta que el guía nos dijo que ya habíamos andado dos kilómetros. A la vuelta, había sitios por los cuales tuvimos que volver por un camino diferente. La verdad es que al volver a ver la luz del día en el gran hueco, todos nos alegramos. La subida a la entrada nos agotó. "Me alegro de haber entrado en la cueva, pero casi más de haber salido," dijo uno. No íbamos preparados para lo de la cueva, sin el calzado ni la ropa adecuada. Salimos cubiertos de arcilla.
Seguimos, viendo el paisaje del parque. No es la mejor temporada para ver algunas cosas, como una catarata que no tenía agua. Taza parecía una ciudad fea, como muchas que también hay en Marruecos, como Ouazzane.
El viaje de vuelta fue cansado. En la tele vi la última parte de las celebraciones de la boda. El sábado habían sacado a los novios en los platos grandes de plata. Ella iba cubierta por una sábana, no se le veían ni los ojos. Pero el domingo en el palacio de Skhirat apareció la pareja vestida con túnicas tradicionales, pero descubiertos. Me imagino que el rito más tradicional y cerrado del sábado serviría para agradar a los islamistas, y el del domingo de cara al pueblo y al exterior. Los gestos los saben medir muy bien.
Tardé en dormirme, a pesar del cansancio del día.
El lunes fue otro día cansado. Hoy martes nos han reunido a los expatriados, a exigencia de Roberto, para tenernos al tanto de lo que está pasando con la venta. El director general dijo que a él tampoco le tienen informado sus superiores, pero que nos contaría lo que sabía. Efectivamente, se firmó la venta el miércoles. La toma de posesión de los franceses sería a principios de septiembre. Haríamos las maletas durante septiembre, para irnos a lo largo de ese mes o como mucho algunos a principios de octubre. Ya tendríamos que hacer nuestra lista de cosas que nos queremos llevar a nuestros lugares de origen. Estoy deseando irme ya de aquí, este periodo de espera ha sido muy frustrante.
Hoy es 16 de julio, y soy un año más viejo.


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