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El amor hay que estrenarlo cada mañana
::Angel Muñoz :: Carrascosa del Campo, 12 de agosto de 2003 ::

Después de leer un relato de Pedro Miguel Lamet, me quedé con el pensamiento de que el amor hay que estrenarlo cada mañana, porque al día siguiente siempre somos distintos. El protagonista confesaba haber sentido esa idea leyendo a Heráclito.
Conservando aún los ecos de esas palabras merendé una copa de macedonia de frutas y me bajé a ordenar libros al sótano. Mi madre estaba allí, sentada en una butaca de plástico. Su ropa totalmente negra, por el prolongado luto de mi hermana Paquita, contrastaba con el color blanco de la butaca.
—Angel, ven y siéntate conmigo. Aquí se está muy fresquito.
Extendí una butaca de aluminio plegable, la de lona azul, y me senté junto a ella. Me sonrió con sus ojos verdes cansados y continuó con su tarea. Sacaba bolsas de plástico de una caja de cartón y después de plagarlas cuidadosamente las iba colocando en otra bolsa mayor que estaba situada a su derecha. Todas las bolsas habían llegado a este lugar cargadas de libros usados y se caracterizaban por la gran diversidad de tamaños y colores.
Veía a mi madre trabajar y me llenaba de ternura recordando las caricias que había recibido de estas manos queridas. ¡Cuánto habían cosido, cuanto habían cocinado, con cuanta energía había trajinado en los múltiples trabajos de la casa! Y ni siquiera las dejaba descansar ahora que estaban arrugadas y manchadas con las pecas de la vejez.
—¿Ves? ¿A que así colocadas están mejor?
—¡Mucho mejor! Ya lo creo que sí —le respondí.
—Oye ¿por qué no me buscas un libro de los que a mí me gustan?
Me encaminé a la estantería de las biografías para buscar la de un santo impresa en letras gordas, como ella dice.
—Angel ¿es bueno este libro?
—¿Qué libro?
—Este grande azul. Es muy bonito ¡Fíjate, cuántos santos tiene!
Me fijé y se trataba de un libro y editado por Prensa Española y reunía la colección de artículos de ABC premiados con el Mariano de Cavia.
Abrió el libro y empezó a leer: “Ayer recibió sepultura el general Mi-lán, Mi-llán As-tra-y... Luego lo abrió por otro sitio y leyó: “proceso a la libertad”...y levantando la cabeza comentó en voz alta: “Mira todos estos hombres llevan sombreros... Por eso llevarán sombreros”, dijo como comprendiendo de pronto, “porque quieren la libertad...” Luego pasaba hojas hacia un lado hacia el otro hasta que de nuevo llegaba al mismo sitio dónde lo abrió por primera vez y de nuevo leía: “Ayer recibió sepultura el general Mola, no, Mila, no, no Millán...”
Le di un libro infantil titulado la monja de la guitarra y me dijo que le apetecía leerlo, que el título y los dibujos le gustaban mucho.

continua [1] [2]