perdido perro pequeño |
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| La calle del Jazmín, no existe en Barcelona. Eso le dije yo a Iván nada más coger el callejero al llegar a casa. Iván descansaba en el sofá del salón, con las piernas levantadas, después de nuestros paseos infructuosos en torno a la vía Laietana. El padré de Ivan vivió casi diez años en Barcelona y por lo que recordaba haberle oído contar, la calle se llamaba Jazmín y quedaba cerca de la via Laietana. En realidad sí que existe una calle del Jazmín, si se busca como se debe, claro, Carrer Gessamí, aunque este queda a los pies de Montjuic, junto a las calles Hortensia, Crisantem, Begonia… En aquel momento no me di cuenta y elaboré una teoría distinta. Recordé que en todas las ciudades de España muchos nombres de calles habían cambiado desde la llegada de la democracia. Normalmente eran nombres de políticos, de generales, pero quizá la calle del Jazmín ocultara algo… Ivan, tomó el callejero de mis manos, abierto por la pagina de la vía laietana y llamó a su padre. No existé la calle Jazmín, repitió. Su padre no se extrañó ni un ápice, no se quejó descorazonado porque le hubieran cambiado el nombre a una calle donde pasó varios años de su vida. Su calle era la calle de San Jacinto, y fue guiando el dedo de su hijo a través del teléfono sobre la página del callejero. Me quedé boquiabierto, viendo el dedo de Ivan avanzar sobre el papel, (espiritismo, telekinesia). Algunas calles que habían de servir de referencia efectivamente habían cambiado de nombre y padre e hijo jugaron durante un rato a reconciliar dos mapas, el mental de una juventud vivida y el actual, con las manzanas de casas coloreadas en azul claro y con algunos nombres cambiados. Finalmente llegamos a la minúscula calle, junto al mercado de Santa Caterina. Ivan colgó. Volvía a madrid esa misma madrugada, estábamos cansados y ya no había tiempo para intentar localizar la calle. Cerré la ventana porque entraba ruido de la calle, me senté y le dije que el mercado de santa Caterina estaba en obras, que habían derruido el interior, pero que habían apuntalado la fachada neoclásica para conservarla. © Tomás Muñoz Sacristán :: yambria :: barcelona :: 2003 |