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Katie iría hoy a la playa, como todos los días de sol,
sin saber que aquella tarde se abriría ante ella un mundo mágico.
Rizos caobas volaban al viento, abanico de esencias.
Aroma intenso a néctar de reina; despertador de zánganos.
En aquel verano las horas se pasaban rebozadas entre arena y sal, mientras,
ojos maliciosos admiraban sus inocentes juegos.
Dave, el más granuja de la pandilla, un chico alto, de rubia
melena rizada, algo más mayor que Katie, había descubierto
recientemente el sexo gracias a su tía, que pasaba las horas
en la lavandería de Pierré, donde Dave trabajaba de chico
de los recados; "Sexo" aquella palabra que apenas dos días
acababa de comprender e introducir en su vocabulario, casi parbulario
aún.
El sol caía hacia poniente, las siete.
Él la miraba persistentemente, mofándose, hasta conseguir
despertar en ella la rabia suficiente para comenzar una persecución,
al chico le encantaba animar a las niñas a ir detrás de
él, le hacia sentirse bien, y lo más divertido era verlas
rabiar, aquellos morritos enfurruñados, tan lindos....
- Un. Dos ,Tres,....Corre enana, que no me coges!!
- Ven aquí maldito!!
- Jijijijijijj, corre, corre!! - gritaba mientras se dirigía
hacia las dunas de la playa.
Sin previo aviso, Dave se paró en seco y esperó, Katie
se aproximó, el chico dio un giro repentino y le arrebató
el pareo, Katie rabiaba aún más ----Ufffff- jadeó
refunfuñando mientras cambiaba la dirección en busca del
cargante niñato
-Se acordara lo juro - de pronto, en lo alto de una de aquellas dunas
lo perdió de vista.
- No puede seeeeeeeeeer - dijo.
Notó como alguien la agarraba del tobillo y cayó ladera
abajo. Rodó un par de metros y se paró boca abajo, tenia
el bañador lleno de arena, - Ese maldito niño, juro que
lo pagara - algo pesado la golpeó, intentó esgrimir un
grito de ahogo pero fue en vano los pulmones le quedaron vacíos.
Y allí estaba, pegado a su nuca, aquel muchacho de largas pestañas.
Sorprendida giró la cabeza y observó al joven tumbado
sobre ella con las manos sujetando sus muñecas, pataleó,
Dave sonrió, ella contesto con desaire volviendo la cabeza, y
dijo -Suéltame maldita sea, suéltame -
Entre zarandeos sintió como algo duro se apretaba contra su trasero,
ella dirigió la mirada hacia él, inquietante, Dave respondió
con una amplia sonrisa, y firmemente la dio la vuelta situando sus caras
a escasos milímetros, los labios tan cerca que casi podían
rozarse , uno de los dos avanzó hacia el otro, entreabriendo
la boca, Dave introdujo su lengua entre los dientes de ella, un dulce
escalofrío le recorrió el cuerpo, su boca se entreabrió
para dejar pasar aquella húmeda lengua que le hacia estremecerse,
se frotaban, deslizándose una sobre otra, la humedad se extendió
por su vientre manando hacia a su cálido sexo, cosa que la gustase
más en soledad que masturbarse bajo el chorro de una cálida
ducha.
continua
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