perdido perro pequeño |
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Katie [2] |
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| mientras las manos ágiles de Dave buscaban el aroma de ninfula escondido en su flor, de nuevo Katie se retorció en la arena, intentando contener el picor del perro que no puede rascarse, el corazón una bomba apunto de estallar, el bello de punta, los ojos en órbita; los pezones duros por la brisa marina asomaban jugosos tras la tela del bañador. La mano de Dave acarició el imberbe sexo de Katie, rosado, empapado,
deslizando sus dedos sobre los labios, buscando la abertura, abajo,
arriba suavemente y de nuevo abajo, la espalda de Katie se arqueó,
presa de una sensación nueva y maravillosa, llena de dicha, arañó
la playa mordiéndose los labios, al tiempo que dejaba escapar
suaves gemidos. Entre sus manos el objeto de deseo. Sus dedos anhelaban
la entrada a tan maravillosa cueva. Ali-Babá y unos cuantos ladrones
curioseaban recelosos ante aquella gruta inexplorada. - Vanessa cerró el libro con un suspiro y se dirigió
hacia el baño, me vendrá bien se dijo. Aquel libro erótico
había conseguido subir su libido y no había cosa que la
gustase más en soledad que masturbarse bajo el chorro de una
cálida ducha.
© Monseñor Castillo :: yambria :: barcelona :: 2003 |