Katie
:: Monseñor Castillo ::


R......>> Katie iría hoy a la playa, como todos los días de sol, sin saber que aquella tarde se abriría ante ella un mundo mágico.
Rizos caobas volaban al viento, abanico de esencias.
Aroma intenso a néctar de reina; despertador de zánganos.
En aquel verano las horas se pasaban rebozadas entre arena y sal, mientras, ojos maliciosos admiraban sus inocentes juegos.
Dave, el más granuja de la pandilla, un chico alto, de rubia melena rizada, algo más mayor que Katie, había descubierto recientemente el sexo gracias a su tía, que pasaba las horas en la lavandería de Pierré, donde Dave trabajaba de chico de los recados; "Sexo" aquella palabra que apenas dos días acababa de comprender e introducir en su vocabulario, casi parbulario aún.
El sol caía hacia poniente, las siete.
Él la miraba persistentemente, mofándose, hasta conseguir despertar en ella la rabia suficiente para comenzar una persecución, al chico le encantaba animar a las niñas a ir detrás de él, le hacia sentirse bien, y lo más divertido era verlas rabiar, aquellos morritos enfurruñados, tan lindos....
- Un. Dos ,Tres,....Corre enana, que no me coges!!
- Ven aquí maldito!!
- Jijijijijijj, corre, corre!! - gritaba mientras se dirigía hacia las dunas de la playa.
Sin previo aviso, Dave se paró en seco y esperó, Katie se aproximó, el chico dio un giro repentino y le arrebató el pareo, Katie rabiaba aún más ----Ufffff- jadeó refunfuñando mientras cambiaba la dirección en busca del cargante niñato
-Se acordara lo juro - de pronto, en lo alto de una de aquellas dunas lo perdió de vista.
- No puede seeeeeeeeeer - dijo.
Notó como alguien la agarraba del tobillo y cayó ladera abajo. Rodó un par de metros y se paró boca abajo, tenia el bañador lleno de arena, - Ese maldito niño, juro que lo pagara - algo pesado la golpeó, intentó esgrimir un grito de ahogo pero fue en vano los pulmones le quedaron vacíos.
Y allí estaba, pegado a su nuca, aquel muchacho de largas pestañas. Sorprendida giró la cabeza y observó al joven tumbado sobre ella con las manos sujetando sus muñecas, pataleó, Dave sonrió, ella contesto con desaire volviendo la cabeza, y dijo -Suéltame maldita sea, suéltame -
Entre zarandeos sintió como algo duro se apretaba contra su trasero, ella dirigió la mirada hacia él, inquietante, Dave respondió con una amplia sonrisa, y firmemente la dio la vuelta situando sus caras a escasos milímetros, los labios tan cerca que casi podían rozarse , uno de los dos avanzó hacia el otro, entreabriendo la boca, Dave introdujo su lengua entre los dientes de ella, un dulce escalofrío le recorrió el cuerpo, su boca se entreabrió para dejar pasar aquella húmeda lengua que le hacia estremecerse, se frotaban, deslizándose una sobre otra, la humedad se extendió por su vientre manando hacia a su cálido sexo, cosa que la gustase más en soledad que masturbarse bajo el chorro de una cálida ducha. mientras las manos ágiles de Dave buscaban el aroma de ninfula escondido en su flor, de nuevo Katie se retorció en la arena, intentando contener el picor del perro que no puede rascarse, el corazón una bomba apunto de estallar, el bello de punta, los ojos en órbita; los pezones duros por la brisa marina asomaban jugosos tras la tela del bañador.

La mano de Dave acarició el imberbe sexo de Katie, rosado, empapado, deslizando sus dedos sobre los labios, buscando la abertura, abajo, arriba suavemente y de nuevo abajo, la espalda de Katie se arqueó, presa de una sensación nueva y maravillosa, llena de dicha, arañó la playa mordiéndose los labios, al tiempo que dejaba escapar suaves gemidos. Entre sus manos el objeto de deseo. Sus dedos anhelaban la entrada a tan maravillosa cueva. Ali-Babá y unos cuantos ladrones curioseaban recelosos ante aquella gruta inexplorada.
Alí entro sigiloso pero firme, animando después a sus congéneres a sumarse, pero la estrechez de la cavidad y la oscuridad reinante retardó a los ladrones; atemorizados, se deslizaban por las paredes próximas a la entrada de la cueva de los deseos.
El dedo más largo de Dave parecía haber encontrado el tesoro, o al memos sintió estar cerca de él, en un esfuerzo por conseguir tan preciado bien, se revolvió deprisa pero con decisión. Su hallazgo fue corroborado por los alaridos felinos emitidos por la ninfula; mariposas en el vientre, calor en el cuerpo. un sudor agrio recorría su ser resbalando dorsal abajo, deslizándose entre los firmes cachetitos de niña acariciando su cara oculta.
Dave la miraba extasiado, entusiasmado por su logro. Katie todavía embriagada por el orgasmo, confundida, entre vergonzosa y feliz, no podía creer lo que acababa de sentir; la mano de Dave aun jugueteaba con el empapado clítoris de la niña, bajo la mirada penetrante del muchacho Katie deslizo los dedos del muchacho hacia su sexo, con el fin de no acallar ese sentimiento que la invadía, Dave dirigido por la muchacha posó sus dedos en el limite entre sus dos orificios, friccionando ambos, un dedo se introdujo en uno y otro en el siguiente, separados tan solo por una fina capa de piel, jugueteando, dentro, fuera, dentro, fuera <<.......

- Vanessa cerró el libro con un suspiro y se dirigió hacia el baño, me vendrá bien se dijo. Aquel libro erótico había conseguido subir su libido y no había cosa que la gustase más en soledad que masturbarse bajo el chorro de una cálida ducha.

 

© Monseñor Castillo :: yambria :: barcelona :: 2003