perdido perro pequeño |
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Corona de Laurel [2] |
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| En este momento se acerca un abogado y su cliente, se dirigen con Juan a la sala de la oficinas dónde le toman declaración. Yo les sigo, tres pasos por detrás, tomo asiento a dos mesas de ellos sin enfrentarlos, no quiero que mi presencia les intimide, oigo la conversación y lanzo miradas furtivas. Me viene a la cabeza el “Principio de Incertidumbre” e intento mitigar su alcance. Me doy cuenta de que se trata de un juicio rápido previamente concertado, Juan, el juez únicamente repite si el acusado entiende el acuerdo al que ha llegado con la fiscal, lo repite tres veces, creo entender que el acusado reafirma su conformidad, no soy capaz de oírlo. Es un juicio por conducción ebria, la medida recogida fue 0,71 mg, me parece recordar que el límite está en 0,25, el acusado reconoce el haberse tomado dos cervezas y un vino. Incredulidad. Cambia la ubicación del decorado, nos dirigimos hacia la sala, el abogado se disculpa por no llevar la toga, alegando que la tiene en el coche y que si su señoría lo considera necesario puede bajar a recogerla. Juan no presta excesiva atención mientras abre la entrada, respondiendo con un desinteresado “no”. La sensación empeora por momentos, ocupo mi lugar entre el público... soy el único. Creo que la escribiente me ha confundido con el acusado, se dirige hacia mí indicando el atrio ubicado a la derecha del púlpito, me limito a arquear la cejas, acompañando el movimiento con una inclinación de la cabeza en la dirección en la que se aproximan abogado y cliente. Se retira farfullando una serie de ininteligibles afirmaciones, otra información perdida. Me sitúa en los bancos de la izquierda, sobre el púlpito dispongo de todos los actores, la autoridad en primer plano y a la derecha el acusado y abogado, de pie, a su lado, al fondo a la izquierda dos escribientes que no paran de cotillear, Juan preside la sala, prácticamente es el único que habla, a su izquierda la fiscal, que ha abandonado el bolso colgándolo del respaldo de la silla anexa, como si se tratara de una visita. Demasiados balbuceos por parte del acusado, no consigo oírlo, le falta energía, se declara culpable y observo cómo el juez reduce su pena de 12 hasta 8 meses de supresión de carné de conducir manteniendo los 5 euros diarios de multa durante 2 meses, ventajas de apuntarte al nuevo sistema de juicios rápidos. Me despido de Juan, me acompaña una sensación desilusionante, esta falta de total oficialidad es aterrante para una mente cuya adolescencia fuera tan frecuentemente alimentada con series americanas de jueces, abogados y vigilantes de la playa. Simplemente espero encontrarme en mi Juicio con ninguna corona de laurel olvidada sobre cualquier superficie. Abandono la sala meditando sobre el poder y las tentaciones, sonrío. © Tismeda :: yambria :: barcelona :: 2003 |