Salí de
casa.
Recuerdo que caminé con cierta rapidez.
Mis ojos estaban fijos al piso.
El suelo era un espejo, había llovido.
En el pavimento reposaba la resaca de la noche: papeles, hojas secas,
cigarrillos, cajas de cartón; tengo la imagen de un zapato blanco
y de una muñeca de trapo recostada en un poste de la luz.
La lluvia, había dejado ese olor que hace respirar lo profundo
y yo, caminaba sin precisar un camino, pero con la seguridad de tener
que llegar a algún sitio.
El pueblo, por entonces, estaba des-habitado, quiero decir que me sentí
dueño de todo, por el sólo hecho de estar sólo;
nada interrumpía mi transito.
Deambulaba mecánicamente, el sonido que da el silencio se presentó
como el único testigo de mi existencia.
Sin rumbo, sin cielo y en el suelo, pensé.
Encogido, observaba como se me ofrecían las cosas. Cada papel,
cada hoja tenía una sombra precisa y definida.
Todo se subordinaba a la superficie.
Esa mañana descubrí que somos materia tanto como sombra.
Ese cuerpo en negro que duplica todo. Esa oscura permanencia que nos
persigue o adelanta mientras caminamos o se sitúa inmóvil
ante nuestra inmovilidad.
Cada persona lleva su sombra eternamente en vida, la figura que nos
recuerda el otro lado, que espejea cada forma.
Algo sucedió desde aquel momento.
Me encontré en un pasaje, en una calle donde todo se desvanecía
y derrumbaba armónicamente. Logré pensar que todo era
una escenografía; que quizás fuera del pasaje todo era
de cartón; pero no tuve más tiempo. No se bien cual fue
el motivo que me llevó a olvidar. Fué un adormecimiento,
una especie de confortable cosquilleo en mi estómago. Una risa.
Un payaso. Dejé mi cuerpo y con lo cual el espacio en el que
deambulaba.
Desde que estoy dentro de mi sombra habito un mundo inerte, sin contacto
con lo real. Esto conduce a la idea de una vida de pensamiento sin espacio;
un pasaje en el que nunca despertarán las cosas.
Posfacio - D.B
(Pero el miedo al cambio a cierta edad es más fuerte que el
olvido.
Ese temor a lo nuevo prevaleció ante el cosquilleo, la risa y
el payaso, nose..al terminar el pasaje volví a tomar mi cuerpo
o el me tomó a mí y fué mi instinto de conservación
o mi falta de coraje que llevó a mentirme: ¿no son las
cosas el reflejo o la sombra de algo superior?. Tristemente las cosas
se me mostraron más reales que nunca, con un peso insostenible
que veda hasta mi propia sombra)
© Sebastian :: yambria :: barcelona :: 2003 |