| Simplemente
frenesí, ¿qué es esto que me es desconocido? ¿Terapia
oriental? ¿Sapiencia berebere?¿Postura olvidada del Kamasutra?.
Sus dedos entreabiertos recorren mi coronilla y presionando convenientemente
dibuja en mi rostro una sonrisa. Me relajo, que más puedo hacer
sino olvidarme de mi mismo. Revivo historias de peluqueras que maternalmente
apoyaban en sus lechosos pechos los problemas infantiles de sus clientes
y estos mediante profundas regresiones mamaban sedientos sin respiro.
La total relajación me lleva a la pérdida de voluntad
y ejecuto sus instrucciones sonámbulo bajo su hipnótico
poder. Una vez a su merced, la peluquera me frota efusivamente la cabeza
con el paño y aparezco sentado en una silla sin apenas darme
cuenta. Débil el cuello y pesada la cabeza. Me vigilo en el espejo
y escucho de lejos las tijeras. Fijo la vista en el kimono negro que
deja entrever tímidamente su ropa íntima. La peluquera
mantiene la mirada fría como si reprochara lo que estoy pensando.
- ¿Te recorto las patillas?.
De forma que no distingo si me lo pregunta o me confirma un hecho irrelevante.
Muevo la cabeza a su gusto. Ella, alternativamente, ataca mis flancos
e invade mi espacio vital. Estoy cansado y con el rítmico compás
de las tijeras caigo adormecido en mitad de la nada. Un breve intervalo
entre siglos transcurre a la velocidad del pestañeo. ¡Has
cambiado!, Se ríe mi gemelo desde el espejo. Mis ojos analizan
su imagen. Es aséptica, higiénica, impersonal. El corte
es limpio como en fácil autopsia, con ciertos toques castrenses,
profesional. Me gusta en su justa medida. Me ahorro una sonrisa a la
peluquera, diluyendo su éxito en una frase tibia. - Suficiente.
Se muerde los labios. Es evidente que la muchacha esperaba unos galones.
- Te lo mojo, o prefieres gomina.
Indiferencia. Supongo que ha elegido lo primero cuando busca el pulverizador.
Desvío la mirada hacia la rubia, para ver el efecto que produce
mi nueva fachada en las féminas. Permanece sumergida bajo el
grifo con la barbilla y los pechos desafiando al cielo. Extasiado me
recreo viéndola bajo trance sin saberse observada. Otro punto
a favor de Mark´s negocio y de un futuro acuerdo de colaboración
entre ambas parte. Mi geisha se sitúa a la espalda y cuando espero
su agua purificadora bautizando este primer encuentro, escucho el chasquido
asesino de las tijeras. ¿Qué ha pasado?. Mi flequillo
inerte se posa en la nariz. Un final imprevisto que despierta del encantamiento
soporífero. Las líneas hasta ahora estilizadas de mi rostro,
han desaparecido y me encuentro con la cara de una teniente O´Neil.
Sin flequillo y al uno, dirijo una mirada de desolación a la
chica, que ahora sí, me rocía con agua de colonia como
un aspersor en un césped recién plantado.
-Bien, está bien.. - Denuncio su incompetencia y mi despiste
fatal que arrasa en un segundo con el paciente trabajo de mi crecepelo.-¡Para
eso, me lo corto yo! - Pienso y en mi cobardía me lo trago, como
hice con mi hombría al pasar el umbral de Spejo´s.
continua
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