perdido perro pequeño

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Spejos [4]

Alegre me mira sincera por primera vez, retándome, sabiendo que ha ganado la partida y ha inflingido un duro correctivo a mi imagen que por un tiempo no volverá a levantar cabeza. Pasmarote le copio integra su sonrisa y le apoyo en su experimentado razonamiento sobre la madurez de mi nueva imagen. Decaído, me despido con mirada vacuna de los personajes del jardín de las delicias. Me contestan con un adiós unísono ensayado entre rulos y tintes varios. Una despedida de reo ajusticiado que me acompaña mientras sigo el correoso trasero del kimono negro hasta la máquina registradora.
- Son 9 euros.
Busco confundido en la cartera y me sale un balbuceo malintencionado, sin sentido. La chica espera impaciente mientras mantiene su caja abierta. Pago religiosamente en contra de mi parecer y sin venir a cuento le doy amablemente las gracias.
- De nada - contesta y caigo en la cuenta de no ser el primero despistando los papeles. Los hombres somos así si nos sacan de nuestro terreno.
Un estudiado ' Vuelva a visitarnos' me deja en la calle. Spejo´s ha sido pasado pluscuamperfecto.
Fuera, con la cabeza rapada como semita expatriado, tomo aire. Soy libre. Mientras espero el cambio del semáforo me doy cuenta con ironía que acabo de dar la espalda a una forma de vida establecida que he llevado durante veinticuatro años y a unas manos que han visto la llegada del otoño en mi cabeza y que me han cortado el pelo a la moda, desde el flequillo Vicky, hasta el plagio a Bruce Willis, eso sí, jamás me dejaron tazón en la cabeza.
Camino a casa y perdido en recuerdos, sé que ya no volveré a Niza ni a hablar del Betis con Santi. Quedan muchas peluquerías por visitar, y el placer de sentir esas manos anónimas en tu cabeza. Sólo un pequeño problema me mantiene intranquilo.
¿Quién me asegura a mí, que algún día no cayera bajo el influjo de Llogueras?

1. Peluquería situada a unos metros de la residencia que habitó el protagonista hasta los catorce años y que hoy continua visitando regularmente como si de una peregrinación se tratase. Los peluqueros Santiago y Berta eran aún novios cuando H.Muller entró por primera vez con apenas tres años acompañando como siempre a su padre en su visita mensual. Actualmente están casados y con dos hijos en plena adolescencia.


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