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¿Por qué me gustó Santa Sangre y a Iñigo no?
:: Tomás Muñoz :: Madrid 09.01.03 ::

Creo que la razón primordial es que yo me senté a ver la película conociendo a Jodorowsky, admirándole porque había disfrutado oyéndole hablar en un par de entrevistas en la tele y porque me había entusiasmado la lectura de su libro “La Danza de la Realidad”. Era como ver el trabajo de un amigo, al que estimas, del que conoces sus obsesiones y al que perdonas sus desvaríos. Iñigo sin embargo pronto empezó a sentir que le estaban tomando el pelo.
Cuando salimos del cine del circulo de bellas artes a media noche no hubo tiempo de conversar y debatir nuestras opiniones, el frío era intenso y nuestros caminos a casa divergían en ese mismo punto. Casi lo único que le dio tiempo a decir a Iñigo es que le parecía una telenovela barnizada de colorido grotesco para darle un toque de autor, infumable vamos. Yo estaba sorprendido de aquel rechazo, es cierto que las condiciones de proyección eran patéticas (pronto comprendimos que por eso era gratis) pero la peli en sí me había gustado.
Yo le pido a una película que me sugiera cosas, que me active el cerebro y Jodorowsky desde luego lo logra. Cierto que es un fundamento muy subjetivo y comprendo el rechazo de Iñigo porque es más o menos el que sentí yo recientemente al ver la mítica “Jules et Jim” de Truffaut. Si sientes que se están quedando contigo te defiendes y no hay activación del cerebro posible.

Jodorowsky es un exagerado, le gusta lo grotesco, los enanos, las prostitutas gordas, los asesinatos gore, pero (y aquí juego a imaginarme las razones del autor) creo que ese barniz esperpéntico, abigarrado, de mutilaciones y chorros de sangre lo emplea para no sentirse como un maestro ridículo impartiendo enseñanzas. ¿Cuáles? Las de siempre su obsesión por los abusos que se sufren y se ejercen dentro de la familia y que crean individuos tarados viviendo vidas ajenas (las de sus padres,la del hermano que murió). Su enseñanza machacona es la de la toma de consciencia y posterior liberación. “El Topo” de 1969 se inicia con un vaquero vestido de negro (el propio Jodo) a lomos de un caballo por el desierto llevando a su espalda a un niño desnudo, se detienen cavan un hoyo en la arena y le dice al niño “hoy cumples 7 años, ya eres un hombre, entierra tu primer juguete y el retrato de tu madre”. La enseñanza machacona de Jodorowsky es la misma que la que te da una amiga cuando acudes confiando en su sabia feminidad para que te ayude a hablar a la chica que te gusta. “Se tú mismo”, dice ella y tu “ah, vale” absolutamente decepcionado.


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