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| Las condiciones
técnicas eran penosas. Era un vídeo proyectado en un cine,
el formato 4/3 en una pantalla de cine queda un poco mal, pero hacía
poco había visto El Gran Dictador, y os aseguro que eso no era
un problema. Parecía una copia de una copia de una copia (etc
hasta diez veces), la calidad de la imagen era muy mala. El sonido iba
y venía cada tres o cuatro segundos, de inaudible a atronador,
aunque mejoró según transcurrió la proyección,
o se iba acostumbrando el público que no se levantó. Al
principio también había problemas, estaba medio en inglés
medio en castellano, como cuando se ponen las dos bandas de las películas
de la2 que contienen ambos idiomas (dual). Creo que una cuarta parte o un tercio del público se levantó y se marchó, nunca había visto nada igual. Es cierto que la conversación fue escasa debida al frío, pero la verdad es que quedó claro lo que pensábamos cada uno. No soy demoledor, había cosas que me gustaron, como la buena construcción de la historia, con saltos al pasado y al presente, nada bruscos. La imagen de la madre manca que se apodera de los brazos de su hijo también es interesante, pero es explotada hasta el absurdo. Absurdo como los personajes. El forzudo lanzador de cuchillos con el tatuaje en el torso; el enano negro (el más normal, luego trabaja de limpiabotas), la voluptuosa y lasciva mujer tatuada; la supuestamente angelical niña sordomuda, primero mimo, luego prostituta; la dominante e inflexible madre, sacerdotisa de una secta al principio, equilibrista más tarde, y artista manca de cabaret después; o la progresión del protagonista, niño mago y voyeur, adolescente autista que piensa que es un águila, joven libidinoso/brazos de la madre - asesinatos incluidos - hasta llegar al matricidio y liberación. Otros personajes tampoco faltan, como la prostituta obesa sobada por los chicos de síndrome de Down, o el chulo que les da coca. Si esto no es de folletín, no sé que puede serlo. El esperpento como fin en si mismo no me atrae, será tal vez la razón por la cual a veces me cansan las películas de Almodóvar. Repito mi frase de esa noche: "Es lo mismo que se puede ver en la tele después de comer, pero con un barniz grotesco." Soy demasiado miope para ver las enseñanzas de Jodorowsky. El ver a al menos cuatro personas en los títulos de crédito con su apellido (el protagonista es su hijo) me vuelve desconfiado. |