No lo podía creer, por más analíticas
que me enseñaran: era imposible estar embarazada de seis semanas
si hacía tres meses que no me acostaba con nadie.
Ahora que creo haberlo superado todo, dos años
después de que pasara, hay veces que pienso que no pudo ser cierto,
a pesar de los informes médicos, y a pesar sobre todo de cómo
llegué a percibir la transformación de mi cuerpo.
Llevaba una semana mareándome constantemente
y vomitando todas las mañanas. Pensé que la regla me estaba
llegando de un modo más doloroso y agresivo que nunca.
Tomé precavidamente mis antiinflamatorios, que me aliviaron muy
poco. Repetí mi medicación sin obtener resultado.
Siempre me hincho cuando me viene la regla, pero jamás de un
modo tan exagerado. Ni siquiera me cabía el sujetador.
No aguanté más y fui al médico.
–¿Última regla?
–Pues, creo que... diría que el doce
–¿Todavía no te ha bajado, no?
–Pues no, desde el mes pasado, no.
Me dio un botecito y me envió al baño.
A los 10 minutos gritó mi nombre en la sala de espera, con ese
tono de burocracia que usan los médicos. Apenas me habló,
sólo extendió la mano para que le acercara mi botecito
lleno en el que insertó una tirita de papel. La tirita se fue
coloreando en un largo e incómodo tiempo, que seguramente no
debió de ser tan largo.
Sonrió ampliamente:
–Felicidades, está usté embarazada.
–A ver –se me escapaba la risa nerviosa– es imposible,
estoy muy segura de que hace algo más de tres meses que no estoy
con nadie. Le aseguro que usamos condón y ya le he dicho que
hasta el mes pasado he ido teniendo la regla...
Me interrumpió:
–Eeemmm, sí bueno, a ver, mejor te doy cita con tu ginecóloga...
Se quitó las gafas, se frotó los ojos y, mientras acababa
de garabatear un impreso, me espetó sin mirarme, como quien refunfuña:
–si supieras la cantidad de mujeres que se niegan a sí
mismas algo que ya saben...
Y me alargó el volante para la ginecóloga.
A lo largo de los días que separaron las dos
visitas, los cambios que empecé a experimentar me hacían
creer a la estúpida de mi doctora de cabecera; supongo que trataba
de recordar los síntomas típicos que siempre hemos escuchado
a las embarazadas y, ciertamente, los sentía. Pero sabiendo que
era imposible estar embarazada, pensé que se trataba sólo
de una gran sugestión.
continúa
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