perdido perro pequeño |
|
|
|
|
| La
ginecóloga fue muy clara en su pronóstico: estaba de unas
seis semanas. Sin lugar a dudas. Entendí que la ciencia tan sólo podía ofrecerme humillación. Al cabo de una semana las señales del embarazo eran totalmente desproporcionadas: parecía estar de unos cinco o seis meses: mi barriga era enorme y redonda, y mis pechos se precitaban hacia ella con un gran peso. Me encontraba tan mal que ni siquiera tenía
fuerzas para pensar en abortar. O tal vez fue que no tuve tiempo: enseguida
noté algo dentro de mí que no era capaz de destruir. No
estoy segura que hubiera empezado a amarlo porque también lo
maldecía por mis molestias. Cuando me puse de parto, con sólo dos meses y medio de embarazo, los médicos no podían comprender nada, cómo se había podido sintetizar el proceso entero en sólo ese tiempo. El ginecólogo de guardia leía ávidamente
los papeles medio arrugándolos, mascullando “esto no tiene
sentido. Esto no tiene ningún sentido!”. Fue un parto largo, duró todo el día. Apenas tuve contracciones, así que no fue tan doloroso como dicen todas a pesar de ser muy desagradable y muy extraño. Tampoco tuvo recompensa, di a luz un virus que querría
que hubiesen quemado,
© ::iolanda villar:: www.yambria.org :: barcelona:: 2006 |
|