| Nikos
Kavvadías fue una figura atípica dentro de las
letras griegas. Marinero de profesión y escritor de vocación,
en sus textos se encuentran exotismo, pasión e introversión,
y en sus hermosos versos estallan los fantasmas de la rebeldía
y la desazón. Es por excelencia el poeta del mar y el viaje,
y como tal está considerado en su país, donde goza de
gran popularidad. En sus versos, muchos de ellos narrativos, se cuentan
sus experiencias como marinero, temas duros tratados con una inusual
sensibilidad, alejada de tópicos y cursilería.
Su poesía alcanza una intensidad poco común; con sus frases
abiertas, desdibujadas como una acuarela, es capaz de sugerir y apuntar
esas cosas que preocupan a toda alma. Este es parte de su misterio:
escribir poco, vivir mucho, amar profundamente el viaje como metáfora
de la vida, como destino y también como quizá la única
manera de comprender el misterio, apurar la vida hasta la hez, también
en la forma de los brazos de una prostituta (pero la repetición
del acto se convierte de hecho en virtud cardinal y no en la mera satisfacción
de un instinto) o incluso en la alteración temporal de la conciencia.
Es así como se acerca a la definición mítica de
hombre, libre y consciente.
Un año de trabajo ha llevado de nuevo a Alfonso Lozano
(Los semáforos en rojo, 2004) a un territorio tan inexplorado
como sugerente: la traducción de sus tres libros de poemas Marabú,
Niebla y Traverso, sin intermediarios
y directamente del griego, un total de cuarenta y ocho poemas
que recogen la práctica totalidad de su obra poética.
Acaso la primera realizada en español.
A este cronista, Alfonso Lozano respondió a
su pregunta “¿Por qué?” del siguiente modo,
la propia de un amante del misterio:
Cuidado, lector, porque lo que tienes entre las manos hunde sus
raíces más allá de las propias palabras que lo
emborronan. Cuenta muchas historias. Una de ellas es un misterio. Otra
una historia de amor. Otra, un sueño que tuvo lugar una noche.
Otra, los senderos sin forma de alguna picaresca literaria o vital.
Otra es lo que me contó una mujer al oído mientras su
pecho desnudo acariciaba levemente mi espalda. Otra, unas líneas
manuscritas sobre unos folios blancos. Otra, acaso la más importante,
lo que vio un marinero con ojos cansados desde una ventana del puente
de un carguero, mientras navegaba por el Índico a través
de una tormenta.
Sí, entre sus páginas se cuentan muchas historias,
se esbozan muchos mapas. No sé si podría contártelo
todo y aunque no es un reto su descubrimiento, ay de ti si llegaras
a desvelarlo.
Cuidado, lector, no digas que no estás avisado.
Lamentablemente, no se prevé edición alguna. Cualquier
interesado en estos temas puede ponerse en contacto con el propio Alfonso
Lozano
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