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El político se presenta en la actualidad como un producto de
consumo y como tal lo que prima es “la satisfacción inmediata”.
Así lo señala Ralf Dahrendorf, miembro
de la cámara de los lores, “esa es la razón por
la que [los dirigentes] han de cometer los actos más crueles
en el primer año y ablandarse cuando se acercan las próximas
elecciones”.
Ese valor de lo inmediato, el signo de nuestros tiempos, es sumamente
peligroso en política. Impide la construcción de programas
coherentes, enquista a los políticos en posiciones caricaturescas.
Así, simplificados, los políticos acuden al parlamento.
El parlamento, un lugar para hablar, para discutir, que parece remitirnos
a las reuniones del consejo de ancianos de la tribu. Ante una idea,
se sucederán una serie de pros y contras, de miradas contrapuestas.
Hablando se enriquecerán los unos con las ideas de los otros
y el resultado, idealmente, será una visión más
profunda del asunto.
Pero la realidad es distinta, el parlamento es un teatro donde los papeles
están asignados, los textos, al igual que las posturas, son impermeables.
Todo está decidido cuando se sale a escena. Un dialogo de sordos,
donde el discurso de uno colisiona con el del otro, como dos cuerpos
ideales destinados a rebotar eternamente. “Si la oposición
pudiera aportar alguna idea, alguna mejora a nuestra propuesta se vería
como una debilidad.” “Si aportáramos alguna idea
al gobierno se desdibujarían los límites claros que al
enfrentarnos nos definen.”
La sociedad pierde la oportunidad de aprovechar las buenas ideas de
unos y de otros, su complementariedad.
El rey-sacerdote basaa Mbombog Bamot-Baso opina que
la democracia es brujería: “Aquí estamos diez personas
reunidas. Pongamos que seis deciden algo. Los otros cuatro van a seguir
a los seis no por convicción, sino por convención. Los
cuatro van a procurar que los seis no avancen bien, y esos seis van
a tener que vigilar constantemente a los cuatro. […] Cada vez
que 1+1 da menos que 2 estamos en la brujería.”
La política se presenta como una lucha de grupos contrapuestos.
Nosotros contra ellos. Vencedores y vencidos. Debería dar pasos
para salir de ahí. Los partidos deberían ser representantes
de distintas sensibilidades, de los distintos ámbitos que conforman
la sociedad, queda claro que con solo dos partidos que se turnan en
el poder no se hace nada, ¿solo hay dos sensibilidades? La existencia
de estos dos partidos es la de la política como guerra civil,
como lucha. Hasta que no logremos llegar a un sistema donde 1+1 sume
dos, estaremos presos de la brujería.
Aunque la raíz del problema parece más social que política.
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© tomás muñoz sacristán::
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