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democracia y brujería


:: tomás muñoz sacristán::


El político se presenta en la actualidad como un producto de consumo y como tal lo que prima es “la satisfacción inmediata”. Así lo señala Ralf Dahrendorf, miembro de la cámara de los lores, “esa es la razón por la que [los dirigentes] han de cometer los actos más crueles en el primer año y ablandarse cuando se acercan las próximas elecciones”.
Ese valor de lo inmediato, el signo de nuestros tiempos, es sumamente peligroso en política. Impide la construcción de programas coherentes, enquista a los políticos en posiciones caricaturescas.
Así, simplificados, los políticos acuden al parlamento.
El parlamento, un lugar para hablar, para discutir, que parece remitirnos a las reuniones del consejo de ancianos de la tribu. Ante una idea, se sucederán una serie de pros y contras, de miradas contrapuestas. Hablando se enriquecerán los unos con las ideas de los otros y el resultado, idealmente, será una visión más profunda del asunto.
Pero la realidad es distinta, el parlamento es un teatro donde los papeles están asignados, los textos, al igual que las posturas, son impermeables. Todo está decidido cuando se sale a escena. Un dialogo de sordos, donde el discurso de uno colisiona con el del otro, como dos cuerpos ideales destinados a rebotar eternamente. “Si la oposición pudiera aportar alguna idea, alguna mejora a nuestra propuesta se vería como una debilidad.” “Si aportáramos alguna idea al gobierno se desdibujarían los límites claros que al enfrentarnos nos definen.”
La sociedad pierde la oportunidad de aprovechar las buenas ideas de unos y de otros, su complementariedad.
El rey-sacerdote basaa Mbombog Bamot-Baso opina que la democracia es brujería: “Aquí estamos diez personas reunidas. Pongamos que seis deciden algo. Los otros cuatro van a seguir a los seis no por convicción, sino por convención. Los cuatro van a procurar que los seis no avancen bien, y esos seis van a tener que vigilar constantemente a los cuatro. […] Cada vez que 1+1 da menos que 2 estamos en la brujería.”

La política se presenta como una lucha de grupos contrapuestos. Nosotros contra ellos. Vencedores y vencidos. Debería dar pasos para salir de ahí. Los partidos deberían ser representantes de distintas sensibilidades, de los distintos ámbitos que conforman la sociedad, queda claro que con solo dos partidos que se turnan en el poder no se hace nada, ¿solo hay dos sensibilidades? La existencia de estos dos partidos es la de la política como guerra civil, como lucha. Hasta que no logremos llegar a un sistema donde 1+1 sume dos, estaremos presos de la brujería.

Aunque la raíz del problema parece más social que política.

 





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© tomás muñoz sacristán:: www.yambria.org :: barcelona:: 2006