perdido perro pequeño |
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| Pasados
unos días vuelvo mi interés sobre los desplazados directos
del conflicto armado. Un contacto me consigue el número de una
Hermana que trabaja en la fundación FAMIG de la arquidiócesis
de Bogotá. Simplemente cojo el teléfono y llamo, pregunto
por la Hermana y me presento como periodista de una revista de Barcelona
llamada Yambria, le comento los detalles del número monográfico
y accede a concederme una entrevista. El día de la cita llego
una hora antes y me quedo esperando en la puerta de FAMIG junto con
un grupo de desplazados, se ven nerviosos y expectantes, pendientes
de tener la documentación necesaria para ser atendidos, observándolos
pienso en las selvas del pacífico y en una geografía vedada
para mi. La identidad de periodista me permite entrar al edificio sin
hacer fila y espero en una especie de pequeño patio central adornado
con imágenes religiosas y rodeado de pequeños salones.
Mientras espero entra un hombre de mediana edad acompañado por
una niña de unos 6 años, inconfundiblemente son desplazados.
Una mujer inmediatamente los hace seguir a uno de los salones que dan
al patio, saca de una bolsa un formulario y unos pequeños zapatos
duros y de tacón bajo que obsequia a la niña, ella se
los prueba dejando a un lado sus deportivas que le deben servir para
el frío y las jornadas extenuantes en busca de ayuda. Noto que
para ella el regalo es una imposición, una vergüenza que
acepta bajo la mirada de su padre como condición y adelanto de
una ayuda arbitraria en mejor de los casos. De pronto llega un vigilante
para conducirme a la oficina de la Hermana, está ella y una trabajadora
social, me presento, hago unas preguntas generales y pongo la grabadora.
La respuesta es un discurso aprendido y sin emoción; hablan de
la calidad de vida, del reclutamiento forzoso, de cursos de capacitación,
de un protocolo y no de una experiencia o un encuentro. Salgo de la
oficina sin nada de lo que busco y con la sensación de haber
sido tratado como a un espía. Al otro lado de la calle en una
cafetería mirando el grupo de desplazados en la puerta de la
fundación leo un folleto que me entregó la trabajadora
social, diciéndome que en este aparecía el testimonio
de uno de los desplazados ayudados por FAMIG. El titulo ponía:
Dar para recibir, debajo el seudónimo Jorge Gracia de Dios y
beneficiario de FAMIG, y frases de agradecimiento como: era el nerviosismo
propio de unos primerizos utilizando un servicio bondadoso... gracias
a los buenos oficios de la iglesia católica y en especial a la
benevolencia de las hermanas... Una genealogía histórica
fortalecida por el conflicto.
© ::manuel de arco:: www.yambria.org :: barcelona:: 2006 |