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desplazamientos[2]


Pasados unos días vuelvo mi interés sobre los desplazados directos del conflicto armado. Un contacto me consigue el número de una Hermana que trabaja en la fundación FAMIG de la arquidiócesis de Bogotá. Simplemente cojo el teléfono y llamo, pregunto por la Hermana y me presento como periodista de una revista de Barcelona llamada Yambria, le comento los detalles del número monográfico y accede a concederme una entrevista. El día de la cita llego una hora antes y me quedo esperando en la puerta de FAMIG junto con un grupo de desplazados, se ven nerviosos y expectantes, pendientes de tener la documentación necesaria para ser atendidos, observándolos pienso en las selvas del pacífico y en una geografía vedada para mi. La identidad de periodista me permite entrar al edificio sin hacer fila y espero en una especie de pequeño patio central adornado con imágenes religiosas y rodeado de pequeños salones. Mientras espero entra un hombre de mediana edad acompañado por una niña de unos 6 años, inconfundiblemente son desplazados. Una mujer inmediatamente los hace seguir a uno de los salones que dan al patio, saca de una bolsa un formulario y unos pequeños zapatos duros y de tacón bajo que obsequia a la niña, ella se los prueba dejando a un lado sus deportivas que le deben servir para el frío y las jornadas extenuantes en busca de ayuda. Noto que para ella el regalo es una imposición, una vergüenza que acepta bajo la mirada de su padre como condición y adelanto de una ayuda arbitraria en mejor de los casos. De pronto llega un vigilante para conducirme a la oficina de la Hermana, está ella y una trabajadora social, me presento, hago unas preguntas generales y pongo la grabadora. La respuesta es un discurso aprendido y sin emoción; hablan de la calidad de vida, del reclutamiento forzoso, de cursos de capacitación, de un protocolo y no de una experiencia o un encuentro. Salgo de la oficina sin nada de lo que busco y con la sensación de haber sido tratado como a un espía. Al otro lado de la calle en una cafetería mirando el grupo de desplazados en la puerta de la fundación leo un folleto que me entregó la trabajadora social, diciéndome que en este aparecía el testimonio de uno de los desplazados ayudados por FAMIG. El titulo ponía: Dar para recibir, debajo el seudónimo Jorge Gracia de Dios y beneficiario de FAMIG, y frases de agradecimiento como: era el nerviosismo propio de unos primerizos utilizando un servicio bondadoso... gracias a los buenos oficios de la iglesia católica y en especial a la benevolencia de las hermanas... Una genealogía histórica fortalecida por el conflicto.




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