Los sistemas de control de fronteras son muy diversos
e integran diferentes tecnologías. Su estructura depende del
terreno (terrestre, marítimo, montañoso) y de las amenazas
a controlar: contrabando, inmigración ilegal, pesca ilegal, etc.
La estructura del sistema varía: las estaciones
sensoras pueden ser fijas o móviles. Las estaciones sensoras
fijas se ubican en lugares con buena visibilidad, e incorporan potentes
sensores. Pueden ser automáticas o requerir personal para su
funcionamiento. Las unidades móviles son generalmente vehículos
todo-terreno que se pueden desplazar según sea necesario a lugares
donde se sospeche que pueda haber actividades no deseadas.
Todas las estaciones sensoras se comunican con el Centro de Mando y
Control (CMC), transmitiendo alarmas y datos (incluso imágenes
en tiempo real y trazas de radar) de los sensores. Los sistemas de comunicaciones
son muy variados, pudiendo ser incluso por satélite, y de su
capacidad dependerá la cantidad de información que pueda
ser transmitida.
Uno de los elementos más importantes y básicos
para el control de fronteras son las barreras físicas. Preferentemente
se usan vallas especiales, o muros. Sobre éstos se puede ubicar
alambre de espino o concertina. La concertina es un tipo de alambre
de espino en forma de largas bobinas que pueden estirarse. Tiene un
efecto disuasorio importante.
Para la detección de amenazas, se utilizan diferentes
sensores, que se ubican en las estaciones sensoras o en el terreno.
Existen cámaras de espectro visible (convencionales) y cámaras
infrarrojas. Las cámaras infrarrojas se ven menos afectadas por
humo o polvo, y no les afecta la falta de luz. Las cámaras pueden
ser fijas o pueden disponer de un posicionador que permita que puedan
fijar su vista de la forma más adecuada. Suelen contar con un
zoom para conseguir mayores alcances.
Los posicionadores láser se utilizan para determinar con precisión
la distancia a la que se encuentra un blanco. En los vehículos
se utilizan conjuntamente con posicionadores GPS e inclinómetros.
Hay radares terrestres y marítimos. Los radares se diferencian
en su forma de funcionamiento y su rango de detección.
Para detectar intrusiones se pueden usar barreras de infrarrojos o de
microondas, cuando el haz es cortado, se indica una alarma. Se ajustan
las medidas para evitar falsas alarmas producidas por animales o condiciones
atmosféricas.
En las vallas se pueden colocar sensores de fibra óptica, que
pueden detectar movimiento en la valla debido a personas que la intenten
escalar. Se ajustan los parámetros para evitar falsas alarmas
debidas a condiciones meteorológicas.
En lugares aislados se pueden instalar sensores enterrados que detectan
si alguien transita por dicha zona.
Los sensores microfónicos detectan ruidos sospechosos, y pueden
determinar la distancia y dirección de estos sonidos.
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