relatos del yugo

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fantasmas


::tomás muñoz sacristán::

He oído que los africanos vienen atraídos por la realidad virtual. Dicen que en Nigeria, en Senegal y en otros países hay antenas parabólicas que captan las emisiones de las televisiones europeas y que los africanos ven ficciones de nuestra vida, la comparan con la suya y quedan abducidos.
Primero hay una deserción mental. “Me tengo que largar de aquí, me tengo que largar de esta mierda.” Después la deserción épica, saltando alambradas o metiéndose en el papel de náufragos.

Flujos, ficción-realidad.

Las miradas de África se dirigen a Europa. África, la oscuridad de la noche, los aullidos de las fieras, las máscaras tribales, el calor, las tripas infladas de los niños por el hambre.
África el gran misterio oscuro, que se resiste a ser controlado, y que además se desborda. El fracaso de un continente que es incapaz de ofrecer alicientes a sus habitantes.

En Europa usamos una mano para detener a los africanos, les apartamos como se apartan las moscas molestas una tarde de verano, y mientras, estrechamos la otra a un hombre de negocios chino.
China, la cultura milenaria, refinada en su perversidad, en su delicada y paciente artesanía manual, familias trabajando durante generaciones para tallar un hueso de aceituna, un colmillo, un jade. Un pueblo laborioso, sumiso, unos dirigentes con mano dura, una dictadura que nos conviene.

Flujos de capitales y mercancías.

Los jóvenes africanos miran la televisión antes de convertirse en fantasmas. El vector que dirige su imaginación, y después sus cuerpos, hacia Europa. En vez de habitar el presente, fantasean con lo que tendrán en Europa. En vez de pensar en estrategias para mejorar el país se obsesionan con desertar, con huir al paraíso europeo. Ahorran dinero para tomar un cayuco en vez de tener la ilusión de invertirlo en un proyecto. ¿Pero qué proyecto? ¿Qué empresa?

En Europa también vemos la televisión. Cualquier acción es precedida por una idea. Y las ideas no salen de la nada, las ideas nacen del entorno. Ver las televisiones europeas moviliza a los africanos. Y hay algo paradójico porque su movimiento les hace saltar directamente de ser espectadores a ser protagonistas. Ahora somos nosotros quienes les vemos en los telediarios, grupos de seres humanos cabizbajos, extenuados, formando una masa sin nombre.

Les ponemos trabas para que vengan, alambradas donde les tenemos cerca, o confiamos en los kilómetros de mar ruda, pero cuando ya los tenemos encima y nos miran a los ojos les arropamos con mantas para quitarles el frío, les damos comida caliente y silbamos como si les quisiéramos mucho, como si los que les han puesto todos los impedimentos posibles no hubiéramos sido nosotros. Como si todo se tratara de un juego cruel, del último y más perverso reality show.

Y entonces ellos, acurrucados, enfocados por las cámaras, tapándose el frío y el miedo con las mantas, dan el primer paso para convertirse en fantasmas. Ocultan su identidad para no ser deportados, si no existen no podremos expulsarles y nosotros aceptamos su juego, les confirmamos su no existencia con un papel de expulsión, ¿cómo son esos papeles? Los únicos papeles que tienen son unos papeles que certifican que no deben estar aquí. Pero están aquí. Son fantasmas y Europa es su limbo.
No podrán trabajar en nada legal, si trabajan será sin contrato, una situación demasiado parecida a la esclavitud para no asustarse de los paralelismos tantos años después. Pero la esclavitud fue abolida ¿Y entonces esos?. Esos no son reales. ¿No son reales?. No hombre, esos son fantasmas.




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fotografía de las parabólicas de fez cortesía de amaya c.

© ::tomás muñoz sacristán:: www.yambria.org ::barcelona:: 2006