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cámara anecoica[1]


::tomás muñoz::

“A finales de los años cuarenta descubrí gracias a un experimento (fui a la cámara anecoica de la universidad de Harvard) que el silencio no es acústico. Es un cambio de mentalidad, un vuelco decisivo. Le dediqué mi música. Mi trabajo se convirtió en una exploración de la no-intención.” John Cage

Buscando ese vuelco decisivo nos hemos puesto en contacto con Ivana Rossell, directora de la sección de acústica en la universidad La Salle. Ivana nos enseña las instalaciones de su departamento. Nos abre la puerta de la cámara anecoica.
Impresionante. Contemplamos el espacio con la reverencia con que se entra a un dojo zen. Las seis paredes, incluyendo el suelo, están cubiertas de cuñas grises de espuma. Afiladas y blandas. Para poder transitar por el interior de la cámara hay dispuesta una red metálica sobre la que es posible pisar y moverse. La pared que queda frente a la puerta, en vez de cuñas, está recubierta de pirámides de espuma de color azul fosforescente, con la punta negra. Parece que Ivana lee nuestro pensamiento y da una palmada y por un segundo espero que salga de sus labios la pregunta del maestro zen: “¿Este es el sonido de dos manos? ¿Cuál es el sonido de una mano”. La palmada suena seca. En vez del koan, Ivana bromea y nos pregunta si queremos permanecer 4minutos 33segundos (la obra más famosa de Cage).
Cierra la puerta y cierro los ojos. Me alejo hasta una esquina. El caminar mullido sobre la malla metálica, la malla de los funámbulos. Otro elemento para el extrañamiento. Es totalmente inusual no escuchar nada. Escuchamos un pitido y nos da miedo el silencio. Hablo con Susanna que está al otro extremo y nuestras voces llegan limpias, como si fueran lo único existente.

Ivana nos libera del encierro y nos explica que las seis paredes de la cámara están separadas del resto del edificio para aislarla de cualquier tipo de vibraciones. Nos explica que cuando hablamos, las ondas son absorbidas por la porosidad del material. La energía acústica se disipa en fricción y calor. ¿Se calientan las espumas? Pregunto yo ingenuamente, sin ser consciente de las escalas. Y no puedo evitar la asociación de ideas con las espumas de las que habla el filósofo Peter Sloterdijk, como metáfora de nuestra sociedad: “La espuma subraya el aislamiento conectado, la diversidad de las conexiones, la constante movilidad de los puntos conectados y la irregularidad de la estructura total. Las burbujas aisladas no se integran en un hiperglobo sino concentradas en grandes montones irregulares. La teoría de la espuma se convierte en una teoría de lo amorfo, los mercados mundiales y la diversidad mediática. La globalización no es sino la guerra generalizada de las espumas.”


 

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