| Como
hoja de afeitar, la fachada corta el aire y la plaza queda diseccionada
en dos por una angulosa esquina. El torcer, se convierte así,
en la tortuosa sensación de perderse en una espiral sin fin:
imposible divisar lo que está al otro lado, a la distancia de
un simple paso.
En ese movimiento surge la tangente: ciego visible en lo alto del montículo
formado por el trozo perdido de una pared empapada. Y es todo, imaginación
del que anda incauto mirando el infinito, sin tener en consideración
que en la ciudad, hay calles que se hunden en el submundo y es difícil
salir una vez que tus zapatos se quedan ahí atrapados.
Te piden lo que necesitan y tu no puedes mas que rasgarte los bolsillos
para encontrar, en tu desconcierto , tristes migajas de un pan seco.
Sin la capacidad de dar, las luces de la ciudad no dejan de fijar su
mirada en tu alma. Te hacen más blanco, más pálido
y en un milagro lo imposible es tácito, involuto te miro en la
esquina de aquel extraño ápice que hace del lugar el encuentro.
foto by zeotune, lyon (france).
[volver
al index]
© tecla:: www.yambria.org :: kuoc :: 2007
|