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Julia graznó de nuevo entre risas malintencionadas.
-Trabajar. ¡Ja! Pero, ¿usted trabaja? Pero si lo único
que hace es llenar la casa de cuadros feísimos, y además
todos de lo mismo. Anda que a ver si los tira de una vez.
-Yo no tiro nada, señora mía, y métase en sus asuntos,
y en su vida, por muy aburrida que sea.
-Pero, ¿cómo va a ser aburrida, con usted por aquí?
–rió–. Lo que yo no sé es cómo no se
aburre usted, pintando siempre cuadros de lo mismo, siempre alcantarillas,
y mal hechas, además.
Tordera la apuntó con el periódico, al cual aprisionaba
como un cepo en su enorme y regordeta mano.
-¿Alcantarillas? ¿Alcantarillas, dice usted? ¡Yo
pinto culos, señora mía! Yo pinto los culos de esta pútrida
ciudad –bufó, echando espuma por la boca, y con los ojos
desorbitados-. Pero usted, miserable ignorante, residuo de la pompa
burguesa, no entiende una mierda. Y además, qué carajo,
no le importa, así que, ¡cállese! –sentenció,
dando grandes altibajos a su entonación para remarcar cada calificativo.
La portera respondió de inmediato, enfatizando a su vez con el
palo de la fregona todas y cada una de sus palabras, y apuntando con
él a la cara de Tordera.
-Usted a mí no me hace callar, gordo de los cojones, que se caga
usted encima.
Todera, al ver ante sí el palo ennegrecido por el uso, tan cercano
a su sonrosada nariz, no pudo reprimir un temblor provocado por la adrenalina,
y se lo arrebató con violencia de las manos, estampándolo
contra una de las puertas.
-Se acabó el palito –rugió, con la voz rompiéndosele-.
Mi paciencia ha rebosado, señora.
Julia retrocedió instintivamente, tanto por el brusco gesto como
por el hedor a orina y a heces que se le coló por la nariz al
moverse la gabardina de Tordera, y sujetó con las dos manos el
cubo de agua sucia frente a sí.
-No me toque –gritó, forzando exageradamente la voz-. No
me toque o chillo –volvió a gritar, mirando malintencionadamente
a las puertas de los demás vecinos.
Pero Tordera ya se había vuelto hacia su piso.
-Miserable –murmuró éste, sin mirar atrás,
poniendo el periódico, triunfante, bajo el brazo, y alzando nuevamente
la cabeza en su eterno gesto de desdén-. Tan encantadora, pero
tan miserable.
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© ::daniel pérez
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