| Estimado
director:
Mi nombres es Macías Mulloa, soy doctor en psiquiatria
de la Universidad de las Illes Balears en la disciplina de Psicopatología.
Actualmente soy el Director del Hospital Sa bella Lluna, especializado
en trastornos mentales.
Desde hace unos meses realizo un experimento con mis pacientes, les
propongo un tema y les pido que me escriban todo lo que se les pase
por la cabeza, de esta forma consigo descubrir, a través de sus
historias, que es lo que les asusta, les ocupa, les divierte... es aquí
donde confluyen nuestros trabajos.
¡ Fíjese! los dos alentamos a las personas a que colaboren
a hacer explícito aquello que escondido rescatamos del subconsciente.
La única y gran diferencia es que sus colaboradores, entran y
buscan sus analogías, sus conexiones, realizan un esfuerzo intelectual
para hacer consciente sus creaciones y luego salen con el fruto dispuestos
a que éste sea mordido por todos.
Mis pacientes en cambio tienen explicitada su historia, para ellos es
una realidad vívida, no van y vuelven con una historia, su subconsciente
y su consciente forman contrapuestos parte de una esfera que gira y
unas veces su locura está en la frente de la esfera y otras la
evidencia muestra su cara más amable y reflexiva.
El tema que propuse el mes pasado coincide exactamente con lo que usted
sugiere para el nuevo número de Yambria. Ciudades ocultas.
Quería compartir con su revista un hecho científico único,
que sucedió a partir de una de las reacciones en respuesta al
tema propuesto, por supuesto, conservando el anonimato del paciente.
Este paciente tiene una enfermedad bastante desconocida y de la que
sólo se han localizado unos 200 casos en el mundo aunque a raíz
de las últimas investigaciones parece que al no ser de fácil
diagnóstico la incidencia de la enfermedad sería mucho
mayor. “Aversión al recuerdo”
Este tipo de pacientes muestran un rechazo patológico a los recuerdos
que desemboca en cuadros de ansiedad. La gravedad de esta patología
se mide por los días de rechazo del recuerdo. El caso más
grave se identifica cuando el paciente rechaza el recuerdo de todo aquello
que acaba de suceder, y por tanto se muestra incapaz de recordar nada
sin sufrir un angustioso rechazo.
A la propuesta del tema esta fue su reacción:
"No hay lugar más oculto que aquel que reside en nuestra
cabeza, una ciudad de calles empedradas un uno por ciento iluminadas,
el resto no es más que una viscosa oscuridad, un abrupto Saturno,
enfangada y virgen ultrarealidad"
Nuestro tratamiento venía siendo simplemente
psicológico medicándole con ansiolíticos cuando
era necesario. Pero quisimos ir un poco más allá, porque
él nos decía que con cada medicación que tomaba
algo resonaba en su cabeza, como un martilleo incesante y repetitivo.
El equipo medico del que estoy al mando tomó la decisión
de realizar una exploración de su cabeza utilizando un aparato
llamado Brain Talk, que es capaz de verbalizar las
ondas cerebrales reconstruyendo un discurso dialéctico.
Aquí le envío el sorprendente hallazgo que descifró
la máquina.
" La pildora que vas a tomar, sólo dura
una
hora, luego tendrás que guardar, en bolsitas,
los 100 mililitros de recuerdos... y tirar de la
cadena"
Tres días después encontramos en el escritorio del paciente
la siguiente nota:
“Cada día una dulce píldora y cada día
esta misma canción atraviesa la frontera, sin papeles pero sin
ganas de marcharse. Desde hace 10 años despierto entoldado por
mi enfermedad, creo que ahora la llaman Aversión al Recuerdo.”
Quizá tenga razón y no haya lugar más
oculto que aquel que para algunos ha trazado una línea demasiado
cercana al abrupto Saturno
Dr Mulloa
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