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la habitación blanca[2]


Resistí a su mirada de no me hagas perder más el tiempo.

Cogí la brocha, empape las cerdas hondamente en la pintura roja, en la amarilla en la verde, le pedí que me prestara sus ojos y se los bañe, los inundé de matices, de aquel día en que no paraba de reír porque me había empapado el traje un camión de basura cuando iba a mi primer día de trabajo y el jefe me tuvo que prestar unos pantalones de rayas y una chanclas y me volví a casa chapoteando en los charcos, del día en que le di a probar aquel chocolate Belga que le compré a Miguel cuando le entró aquella extraña alergia al chocolate, cuando normalmente le entraba alegría, pero ese día se debieron rebelar las letras y se cambió la r de sitio, le preste la visión de su cara cuando se relamía, y el empacho posterior y el” si exploto me guardaras un poco”, entre carcajadas.

Le bañe sus ojos con todo lo que nos había unido, le puse burbujas y hasta un patito.

Ahora mi pregunta se tiño de color nostalgia, ese que es pálido y vivo a la vez, aquel que te arranca una sonrisa al contemplarlo, que se trata con dulzura pero que se describe cada vez con trazos más gruesos, más alejados.

Todo esto fue bonito, pero yo deje de ser. Me preguntarás que veo, y te responderé lo de siempre, que yendo por el mismo camino mirábamos a distintos lados.

Nos cogimos la mano y empezamos a pasear por la habitación.

- A pesar de todo me alegro de verte. Me dijo.

Me solté de su mano,
- me das otra oportunidad? le dije extrañamente entusiasmado

Se encogió de hombros, de piernas, de brazos,
- para eso he venido. Contestó con desgana.

Le traje en volandas hacia el centro de la habitación, esa habitación que bienvenía colores y despedía grises.

Me arranque el ojo derecho, el que menos astigmatismo tenía
Cogí un poco de saliva y se lo planté en medio de la frente.

Te prestó mi ojo para que puedas disfrutar de lo que veo yo y le cuente a los tuyos hacia donde hay que mirar.

QUE VES AHORA GRITÉ.

Veo las mismas paredes blancas y a un tuerto que se tapa el agujero del ojo con una mano y con el otro ojo me mira atentamente, mientras sonríe alegremente, girando sobre mí como si estuviéramos bailando salsa, veo a una mujer incapaz de ver con tres ojos, uno de ellos con astigmatismo y otros dos con miopía vital.

Y nos empezamos a reír, a desternillar, me carcajeaba por el agujero del ojo, ella se retorcía de risa, se agarraba el estómago para que no se le saliera por la boca,
Le lloraban los tres ojos.






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