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De los espasmos se me cayó el otro ojo, me daba
golpes contra las paredes, estuve a punto de pisarlo, ella lo recogió
y se lo puso en la nuca (según me contó luego)
De repente todo empezó a cambiar para ella,
la habitación se hizo grande, se dibujó una ventana, empezaron
a escaparse los colores por ella, huían de ese absurdo, de esa
concentración forzada, ellos pertenecían a la vida, a
las proporciones, al equilibrio natural. Todos menos el añil,
el añil se quedó por mi, le había gustado la historia
que había contado sobre él.
- Me gustaría alegrarme de verte. Le contesté
al comentario de la página 4.
- Está bien, te devuelvo uno de tus ojos, a ver ¿éste
cual era el derecho o el izquierdo?
Nos volvimos a abrazar, nos agarramos de la mano y
le conduje hasta la puerta.
- Cierra tú le dije, que tienes ventaja.
Sin girarse, le echo un último vistazo a la
habitación y cerro la puerta tras de ella.
Nota del autor:
La habitación blanca no es una historia tradicional entendida
ésta como una sucesión temporal- lineal de hitos, con
un comienzo, nudo y desenlace. En la habitación blanca el tiempo
se regenera, el principio se alimenta del final que se hace principio.
Se podría definir como un agujero blanco. Nuevos matices de la
historia van incorporándose a ésta, cada vez que se entra
en la habitación. El proceso es infinito y por tanto tiende a
la nada, así, cuando llegue a la máxima extensión,
la historia seguirá su propia inercia y el todo se convertirá
en su contrario.
Me costó aproximadamente veinte años en reconocer que
lo que veía cada vez que cruzaba el umbral no era más
que la primigenia semilla de la historia transfigurada por el violento
movimiento circular del tiempo.
El verdadero fracaso de este escrito es presentar esta ultra realidad
que es la Habitación Blanca dentro de los límites que
nos hemos dado para contar historias, encorsetarla dentro de los patrones
racionales. Por tanto hay que interpretar el resultado final como una
fotografía distante; al igual que un segundo no es el Tiempo,
esta fotografía de la Habitación Blanca no es la Habitación
Blanca.
El objetivo de la historia no es la propia historia ni el resultado
literario de ésta, más bien éste es irrelevante.
Para finalizar esta breve exposición de motivos de la historia,
añadir que por razones de privacidad el nombre real del personaje
se ha alterado en diez ocasiones.
La misma ultra realidad que domina La habitación blanca, ha devuelto
a su forma real el nombre ficticio del personaje, haciendo inútiles,
hasta el último borrador, las continuas correcciones realizadas
para preservar la identidad real de la persona. Parece que este proceso
en algún momento se ha detenido y por tanto si nada nuevo ocurre
el nombre definitivo de nuestra protagonista será María.
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