Número 13
El número 13 es tradicionalmente el de la mala suerte en el
mundo occidental. Se considera que Judas era la 13ª persona en
la Última Cena. Aunque el Código de Hammurabi (siglo
18 a.C.) también evita el número 13 en una lista numerada.
Algunos edificios saltan la cifra 13 en la numeración de los
pisos, al igual que pasa con las filas de asientos en algunos aviones.
En países de habla inglesa, alemana o portuguesa, el viernes
13 es considerado un día de mala suerte (Jesús fue crucificado
un viernes). En países de habla hispana o en Grecia, el martes
13 tiene esta consideración.
Cruzar debajo de una escalera
Da mala suerte. La escalera forma un triángulo con la pared
y el suelo, representación de la Trinidad, por lo que cruzarla
era atentar contra ese dogma. Los antiguos egipcios pensaban que las
pirámides y triángulos tenían poderes, mejor
no romperlos.
Tocar madera
Tras mencionar un suceso afortunado, hay que tocar (tres veces) madera.
Cristo fue crucificado en una cruz de madera. Hace tiempo, a los hombres
les impresionaba ver durante las tormentas los rayos que golpeaban
a los árboles, y pensaban que el dios de los rayos vivía
en un roble. Tocar madera hará que tú suerte continúe.
También se toca madera para impedir que los espíritus
malignos que viven en la madera salgan y estropeen la buena suerte.
Romper Espejo, 7 años de mala suerte
Otra superstición es la de romper un espejo, que daría
7 años de mala suerte.
Antiguamente, fabricar un espejo era muy difícil. En el siglo
XVI, se descubrió un método para cubrir una hoja plana
de vidrio con metal reflectante. Era un método caro y laborioso.
En el siglo XIX, se mejoraron los espejos, siendo el metal reflectante
plata.
Ver el reflejo de uno mismo era para algunos ver su espíritu
o alma. Ponerlo en peligro era ponerse a uno mismo en peligro. El
periodo de siete años se debe a que los romanos pensaban que
la vida se renovaba cada siete años.
En el siglo XIX se “renovó” esta superstición.
Como se ha mencionado, los espejos eran muy caros, y las señoras
de la alta sociedad amenazaban a sus criadas con no romper los espejos,
les daría siete años de mala suerte.
Los “métodos” para evitar los siete años
de mala suerte son demasiado absurdos para ser descritos aquí.
Gato negro en el camino
Se considera que que un gato negro cruce tu camino es señal
de mala suerte.
Antiguamente en Europa, el que un gato negro cruzase tu camino era
considerado señal de buena suerte. En el antiguo Egipto, había
una diosa que tomaba la forma de una gata negra, y los sacerdotes
cristianos intentaban borrar las huellas de anteriores religiones.
La Iglesia cristiana consideraba que los gatos negros eran brujas
disfrazadas o ayudantes de brujas. En países afectados por
cazas de brujas, especialmente Norteamérica y partes de Europa,
se pasó a considerar que los gatos negros como algo malo. En
lugares que no fueron tan afectados por las cazas de brujas, como
Japón, Gran Bretaña y Egipto, siguieron manteniendo
su reputación de buena suerte.
El rey Carlos I de Inglaterra, tenía un gato negro. Tenía
tanto miedo de perderlo, que lo tenía vigilado.
Los marineros son un grupo especialmente supersticioso, como muestran
las siguientes supersticiones. Las mujeres de los pescadores guardaban
un gato negro en casa para prevenir desastres de sus maridos en el
mar, por ello se valoraban mucho, y eran frecuentemente robados. Si
un gato corría por delante de un marinero en un embarcadero,
se consideraba señal de buena suerte. Se guardaban gatos a
bordo de los barcos para dar buena suerte.
Winston Churchill acariciaba gatos negros para que le diesen buena
suerte.
Superstición animal
B.F. Skinner, psicólogo norteamericano realizó un experimento,
que parece indicar cierto tipo de “superstición”
animal.
Skinner puso a unas palomas hambrientas en una caja. Está estaba
unida a un mecanismo automático que suministraba comida a la
paloma a intervalos regulares, independientemente de lo que la paloma
hiciera. La actividad que la paloma estuviera haciendo en el momento
antes del suministro de comida, se convirtió en una actividad
que la paloma continuó haciendo.
Una fue condicionada para dar vueltas a la jaula en el sentido contrario
de las agujas del reloj, dando dos o tres vueltas entre suministros;
otra erguía su cabeza hacia una esquina de la jaula. Otras
dos desarrollaron un movimiento pendular del cuerpo y la cabeza.
El experimento parece mostrar una pequeña superstición.
El pájaro se comportaba como si hubiera una relación
causal entre su comportamiento y la administración de comida,
aunque esa relación era inexistente.
Hay muchas analogías en el comportamiento humano. Unas pocas
conexiones accidentales al azar entre un ritual y consecuencias favorables
son suficientes para establecer un comportamiento mantenido, a pesar
del hecho de que no haya reforzamiento causal. Estos comportamientos
no tienen efecto real sobre la suerte de un sujeto, justo como en
el caso donde la paloma era alimentada independientemente de su conducta.
Este “pensamiento mágico” puede tener su origen
en la evolución. La mente humana es muy buena en encontrar
relaciones o patrones, aunque sean imaginados. Si ves algo que pueda
indicar que hay un tigre oculto en la hierba, es mejor asumir que
efectivamente el tigre está allí, en vez de comprobarlo.
Si enfermaste después de comer algo, es posible que la causa
sea ese alimento.