21:35 horas. Ocupamos el círculo central de la plaza
de catalunya. Dejamos los objetos que hemos traído en
el suelo. Una trompeta dorada, unas gafas de bucear, una taza de café,
un caja de huevos (sin huevos), un rollo de papel vegetal, una vela,
una pelota de tenis, unos cascos insonorizantes, un tarot edición
rider-waite. Nos movemos. No hay reglas, no hay pautas. Soplamos la
trompeta, lanzamos la pelota, encendemos la vela, nos envolvemos con
el papel vegetal. Poco a poco realizamos pequeñas actuaciones,
estallidos interesantes que nos dejan rápidamente insatisfechos
porque no tienen continuidad. Estiramos el rollo de papel simulando
una cinta y jugamos a romperlo como si fuéramos karatekas y por
unos minutos interpretamos el papel de japoneses.
Realizamos la ronda de piropos e insultos. Cucaracha voladora. Insultos
en alemán y portugués.
Intentamos sacar jugo a los objetos, improvisar usos distintos a los
obvios. Nos intercambiamos los teléfonos y llamamos al azar a
una persona. Nos colocamos los cascos aislantes y simulamos escuchar
música desfasada. Saltamos. La no-música.
Es liberador en cierta medida, pero sentimos la opresión de la
falta de sentido, la falta de estructura aglutinadora. Partimos del
aire. Seguimos en el aire. No hemos construido. Todo ha sido fugaz.
¿Es eso malo?
22:30. Nos despedimos de la plaza improvisando un ritual de agradecimiento.