La voz ronca, el aullido mágico que rompe el silencio
de la noche.
La eternidad de la habitación vacía que no puede
retener por más tiempo al espíritu.
La escarcha que cubre las ventanas, resquebraja en brillante
y puntiagudo auxilio dotando al monótono paisaje de
señales fugaces. Melódica luz que obedientemente
se deja cortar por sus afilados bordes.
En la noche mientras todos duermen, los sueños emprenden
su juego, sus tropiezos, sus arañazos, sus celos.