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“In the company of men” de Neil LaBute [2]

Los trucos. El soporte es como ya he enunciado frustrar los deseos del espectador. Así de fácil y así de eficaz. Las fuertes expectativas del público porque las injusticias sean castigadas, porque los cabrones lo paguen, porque los inocentes no sufran, porque triunfe el amor. (Se me ocurren referencias a Haneke “Benny’s Video” y “Funny games”). Este frustrar las expectativas ya es una manipulación, aunque parece que la culpa es del espectador por el mero hecho de tenerlas. ¿Cómo hemos podido caer?, pensamos, ¿si desde el principio no ha dicho lo que iba a pasar?
Las preguntas que debemos contestarnos son más bien ¿por qué somos unos románticos empedernidos? o ¿por qué esperamos que los malos sean castigados? En el caso de los malos quizá sea porque desde pequeños nos han metido el miedo en el cuerpo, porque nos comportamos bien precisamente por ese pavor al castigo, a los azotes, a la cara seria de nuestros padres. Ver que alguien rompe las reglas y no es castigado atenta contra la estructura de nuestro vivir diario. Las ganas de que pillen al pobre diablo que vemos colarse en el metro, porque si no le pillan, nosotros habremos sido unos tontos al pagar.
LaBute nada a favor de la corriente, de los deseos de la sala porque el amor triunfe, si alguien debe sufrir que sea el personaje gris, pero que a la chica frágil no le hagan daño. Por ese deseo estamos dispuestos a creer que el cabrón ha cambiado, que se ha visto enredado en su propio juego. Ahí viene la trampa, LaBute va escorando subrepticiamente la posición del espectador hasta situarle casi en el cuerpo de la sorda. Nos esconde información, nos hace creer que el cabrón sí que se está enamorando de ella, para que suframos el golpe casi con la misma intensidad que la inocente criatura que se había atrevido a pronunciar con su titubeante voz “I love u”.
Nos engaña porque nos dejamos engañar. Esas son las armas que debe dominar un narrador. Jugar con la credibilidad del espectador, conocer los anhelos que le hacen capaz de cerrar los ojos hacia ciertas cosas. Un aprendizaje fundamental es que no todos los actos son igualmente verosímiles, algunos, por el mero hecho de ser más deseados, son también más creíbles.




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© Tomás Muñoz :: yambria :: barcelona :: 2004