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Ahora vamos a hablar un poco de política. Christopher Hitchens
se hizo famoso hace unos cinco años, cuando fue acusado por Henry
Kissinger de negar el holocausto judío. Este intelectual americano,
formado en la progresista Universidad californiana de Berkeley, hijo
de los sesenta, acababa de publicar un libro titulado “Juicio
a Kissinger”, en el que se hacía un estudio periodístico
sobre la política exterior de los EEUU mientras Kissinger era
secretario de estado. El libro, entre otras cosas, demostraba que Kissinger
y la embajada estadounidense en Chile tuvieron una gran parte de responsabilidad
en la caída del gobierno elegido democráticamente por
el pueblo chileno (por cierto, Hitchens ganó el juicio por calumnias
a Kissinger). Hitchens es un intelectual izquierdoso cuyos textos no
tienen la repercusión de un Noam Chomsky o un Howard Zinn, pero
que demuestran un rigor y un compromiso similar. En el libro del que
os quería hablar, “Cartas a un joven disidente” (Anagrama,
2004) –homenaje a las “Cartas a un joven poeta” de
Rainer Maria Rilke-, Hitchens defiende la necesidad de la disensión
en cualquier tipo de sociedad, pero especialmente en la nuestra. Muchos
verán en Hitchens a un provocador, un radical o un extremista.
Allá ellos. Los intelectuales deberían ejercer un rol
de contrapoder que en la mayoría de los casos no ejercen. Muchos
intelectuales se limitan a ejercer de justificadores del pensamiento
único que domina nuestro sistema: los de derecha tenderán
a emitir juicios de valor apocalípticos (“adónde
hemos llegado”, “esto ya no es lo que era”, “ya
no se respeta nada”) y los de izquierda o progresistas se limitarán
a intentar justificar chiringuitos como el Forum o auténticas
aberraciones morales como las guerras en nuestro tiempo o la dictadura
de la tecnología. Leyendo a Hitchens me doy cuenta de cual es
el verdadero papel que un intelectual debería jugar en una sociedad:
hacernos cuestionar todas las cosas que nos vienen de arriba. Un libro
que os animará a llevar la contraria y a disfrutar del proceso
de confrontación de ideas.
Si os interesa la política pero no a un nivel tan profundo como
el que proponen teóricos de nuestro tiempo como Hitchens o Chomsky,
Micahel Moore es vuestro hombre. Mirad sus películas o leed sus
libros, da igual. Pasareis un buen rato y al mismo tiempo notareis como
la demagogia populista de Moore provoca que se tensen vuestras mandíbulas
mientras pensáis que hay que hacer algo, lo que sea. Es curioso
porque ya han salido intelectuales de izquierda que se meten con Michael
Moore! Lo acusan de demagogo, populista, simplista, patriotero, racista
y yo qué sé qué más. Vale, y qué?
Me da igual. Mientras Michael Moore salga en todos los periódicos
del mundo diciendo que Bush apesta y que las guerras apestan y que los
EEUU están en manos de unos desalmados que sólo piensan
en el dinero. Veréis, este tío tiene mucha repercusión,
está claro que con su estilo 100% entertainment ha sabido conectar
con mucha mucha gente que de otra manera no sé si se interesaría
por todas estas cosas. El fin justifica los medios. Si alguien empieza
viendo una peli de Michael Moore y acaba leyendo un libro de Murray
Bookchin, yo estaré contento. El último libro que ha publicado
es “Colega, dónde está mi país?” (Ediciones
B, 2004), pero podéis empezar por el anterior, “Estúpidos
Hombres Blancos” (Ediciones B, 2003), y da lo mismo, es casi igual
de bueno que éste.
continua
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