cuatro esquinas :: consultorio de sueños :: |
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| Soñé que estaba...[2] |
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Transcurren las horas; me encuentro de pié, sólo. Sé
que espero a alguien pero no logro recordar con quien he de encontrarme.
De pié, sólo; en una plaza extensa, vasta; vestida de
adoquines grises, sucios por las pisadas de transeúntes con o
sin rumbo. Corro y corro cuanto puedo, ansioso, huyo a donde sé que puedo
encontrar un refugio, una cajita con estrechas paredes de ladrillo y
yeso donde poder echar la llave por dentro y perderla sin remordimientos. Sé que ella no quiere que fume hachis pero… Artamay, apenas vestida con lencería blanca, como quemaduras
de lejía en algodón de color, se viste nerviosa. Los dos
salimos de la habitación. Cogemos un grandísimo ascensor.
Una enorme caja de acero con pantallas digitales y un marcador con números
rojos intensos que no paran de cambiar. ¡Dios mío, la he perdido! Y aunque yo tampoco lo sé, ahora que estoy sólo, de veras
que me siento perdido. Y todo se desmorona en una oscuridad incurable.
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