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Obediencia

::Iñigo de Noriega::

Órdenes

Tras la Segunda Guerra Mundial, el alto oficial nazi Adolf Eichmann fue juzgado por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Eichmann parecía un hombre corriente, un padre de familia común, incluso un tanto aburrido, que había llevado una vida ordinaria. Incluso afirmaba que no tenía nada en contra de los judíos. Cuando se le preguntaba por su anterior comportamiento, siempre respondía que “seguía órdenes”.

El Experimento

En 1961-62, el psicólogo social americano Stanley Milgram realizó un experimento para determinar los límites de la obediencia a la autoridad. Lo realizó en el campus de Yale.

Respondiendo a un anuncio que ofrecía $4,50 por el trabajo de una hora, un individuo se presentaba para participar en un experimento de memoria y aprendizaje. Se encuentra con un sujeto adusto en bata blanca, y otro agradable voluntario. El hombre de la bata blanca dice que participarán en un experimento que estudiaría la importancia del castigo en el aprendizaje. Uno sería el “profesor”, y otro el “estudiante”.

Se realizaba un sorteo, y el sujeto que había respondido al anuncio adquiría el rol de “profesor”. El alumno en realidad es un actor, y el sorteo para escoger maestro está amañado, pero esto el maestro lo desconoce.

Al alumno se le llevaba a una habitación, donde es atado con correas a una silla, y un electrodo es pegado a su brazo. El profesor y el experimentador entran en otra habitación, que tiene un generador eléctrico. El generador tiene treinta interruptores, con incrementos de 15 en 15 voltios, de 15 a 450 voltios. Cada interruptor tiene un rótulo: desde “descarga leve” hasta “peligro: descarga severa”. Los dos últimos están marcados como “XXX”.

Al principio del experimento, se les aplica tanto al profesor como al alumno una descarga de 45 voltios, “para probar el equipo”.

Se le pide al profesor que lea una lista de pares de palabras. Tras leer la lista a través de un micrófono, el profesor lee una de las palabras, y el alumno tiene que decir su pareja. Si la respuesta es incorrecta, tiene que aplicar una descarga al alumno, incrementando el valor 15 voltios cada vez.

El alumno comienza a quejarse a los 75 voltios. A los 120, grita diciendo que las descargas son dolorosas. A los 135 aúlla de dolor. A los 150 anuncia que se niega a continuar. A los 180 grita diciendo que no puede soportarlo. A los 270 su grito es de agonía, y a partir de los 300 voltios está con estertores y ya no responde a las preguntas.


 


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