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Belfast [2]

 

El sitio no estaba mal. Nuestra habitación tenía dos literas y el baño era compartido. En la cocina té y café gratis, y un frigorífico gigante con pegatinas para etiquetar la comida. La televisión era también desproporcionadamente grande, en esa pequeña salita con dos sofás en la que casi todos estaban descalzos. Recuerdo que vimos una película allí. Sólo quedaba un sitio libre que por casualidad quedó ocupado un minuto antes de la escena de sexo. Un tipo alto, trajeado y con bigote, que llevaba consigo una pequeña mochila de esas que hacen feas aposta con colores fosforitos. Se sentó ruidosamente y ojeó una revista. Al llegar la escena, ruborizado preguntó “¿qué canal es este?”. Nadie dijo nada y él se levantó y se fue.
Ese día tratamos de conocer un poco la ciudad pero acabábamos siempre en las mismas calles, las que sentíamos menos hostiles.

Luego llegó la hora de dormir, y como una de las cosas buenas de Irlanda es que no hay insomnio, yo caí redonda arriba en mi litera. Aún así no pude evitar despertarme a las dos de la mañana con los gritos que por mis sueños eran salvajes y asesinos. Pensé que nos tiraban piedras y que iban a incendiar el edificio, pero al final resultó que es esa la hora a la que cierran los bares, y el que está en la calle suelta la voz y la nota más bonita, lo mismo que pasa en la ducha. Un poco más tarde la cuarta cama de la habitación quedaba ocupada por un señor de pelo blanco y ronquidos.

Madrugamos al día siguiente para ir a visitar la Calzada de los Gigantes. Todo el mundo parecía tener prisa en el albergue, la habitación estaba vacía cuando subimos de desayunar. Luego nos encontramos al hombre de pelo blanco en el pasillo, vestido con un uniforme antiguo, elegante. Nos contó que antes había trabajado en los trenes.
El resto de la mañana se ocupó en un autocar que nos condujo por la costa norte hacia la Calzada. Este es realmente un paisaje sorprendente, con miles de columnas hexagonales metiéndose en el mar. Una de las leyendas dice que un gigante construyó la calzada hacia una isla de Escocia para desafiar a un gigante allí, pero que al verle se dio cuenta de que era más fuerte que él y se escondió en una cuna. El gigante escocés al ver un bebé tan grande se asustó del padre y huyó destruyendo la calzada tras de sí. Es un lugar espectacular, es cierto, sólo que de algún modo el resto de turistas estaban demasiado presentes y me quedé triste viéndonos a todos haciendo las mismas fotos...

 

 


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