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Pizarro
:: Helmer Roncancio::

Alguien de 16 años bajo presión sacrificó la vida por los suyos. Pero también mató a Pizarro, voz del M-19. ¿Cómo saber realmente quien fue? Cuando los titulares de prensa, vehiculizados, constituyen mi memoria. ¿Qué historia me queda? Si vi saltar pedazos de cuerpo por los aires.
Me recuerdo en ese día de los años ochenta, bajo un cielo más encapotado que de costumbre y que en la sabana de Bogotá se despliega con las tonalidades grises de tinta de periódico.
- Mataron a Pizarro - me dijo Echeverri cerrando su casillero cuando yo recien bajaba de un árbol.

Hace cuanto estoy a la espera en esta fila del LIDL, donde los neófitos traen sus propias bolsas. Esperando que al volver no confunda la salida de este super con la entrada que es una reja. La fila se detiene por completo. Hay dos hombres de los Paises Picantes en la caja y…

¿Cómo no lo iban a revisar? ¡ si míralos! Es lunes, empezando la tarde, llevan un petaco de cerveza, mochilas y… ¡una ropa! - de esa que uno termina poniéndose después de un tiempo sin hembra –

- Abra la mochila – le dice al suramericano un hombre con uniforme del LIDL y cara de haber estado jugando Tetris o echando un paja.
Su compañero sale antes como sin darse cuenta de nada, sin reclamar el insulto porque –aquí hay que bandearse solo hermano, o es que usted cree que estoy de niñera vine a defenderlo, y perder el tiempo en chimbadas, vuélvase varón, aquí si está es para trabajar. ¿o qué no se acuerda lo jodido que estaba?
- si hermano pero es que a este paso...
- A este paso nada, ¡ya sé! Lo que pasa es que le gusta la hembrita de la caja huevón.
Destapó otra cerveza. La estrategia de dos camaradas.
Pasa la distracción en el LIDL y siento el mismo boquete que abrió el disparo del tanque cascabel sobre la fachada del Palacio de Justicia cuando los del M-19 lo tomaron. Recuerdo mi indignación de aficionado a los enlatados americanos sobre Vietnam por el ridículo agujero que vimos por la televisión en directo. Se lo hice saber a mi padre, y me dijo – el disparo se siente por dentro.
- es un acto suicida – dijo mi tío. Lo siguiente fue seguir viendo televisión hasta que una nube de papeles y muebles quemados en el interior del palacio nubló la transmisión. Solo uno que otro hombre con barba y botas de goma se veía estallar en la plaza Bolivar. Y en los siguientes días la voz melodiosa e inteligente de Pizarro delante de la bandera del M-19 dirigiéndose a los medios.
- ¡Oiga es su turno! – me golpea una anciana en el hombro.
Cojo mi mochila con sinceridad, pago y salgo sin ser revisado.

 

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© Helmer Roncancio:: yambria :: barcelona :: 2004