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patrick edlinger
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Los títulos que conseguía por doquier en las primeras competiciones era puramente circunstancial a su modo de vida y nunca su fin último. Venerado por una generación que necesitaba de una referencia viviente, un ‘Dios’ inalcanzable ( como le trataban en las revistas especializadas) , se prodigó en todos los medios, predicando unos mandamientos para una nueva religión. La escalada de dificultad requería un entrenamiento específico y constante, para progresar en las vías tanto en facilidad como en velocidad. La práctica en el campo de batalla era parte de un elaborado proceso. Anexo a ello se tenía que potenciar tanto la técnica gestual como el músculo, la elasticidad y la resolución de problemas en boulder. Pero por encima de la sublimación de fuerza y resistencia, estaba el entrenamiento de la mente, que en tantas ocasiones ayudaba al escalador en dificultades extremas.

‘El indio blanco’, como era llamado por su acercamiento a las filosofías orientales, abogó por la técnicas de meditación y concentración absoluta en la vía. Se enroló al barco del medio ambiente y vida natural y encontró trascendencia al vértigo y el riesgo. Admirado por los jóvenes, decoró en Francia miles de habitaciones como protagonista de posters increíbles con una pared o el vacío de fondo en algunos casos. El joven filósofo albino de ojos claros poseedor de una musculatura definida hasta la última fibra se convirtió de esta forma sin quererlo en icono de masas.

Intoxicado por toda esta vorágine publicitaria, puso precio a su alma y aún siendo incompatible la fama con sus austeras filosofías orientales, se dedicó a premios, entrevistas y películas. Escribió ‘Grimper!’, manual de entrenamiento para escalada deportiva donde también habla de los pasados valores de los primeros ochenta. Participó en películas como ‘La vida en la punta de los dedos’(La Vie Aux Bout Des Doigts). El mercado estadounidense se abrió a ese escalador que realizaba impresionantes escaladas en solitario en paredes por entonces consideradas como imposibles. Se convirtió en un superhéroe obligado a mantenerse en la palestra con la necesidad adictiva de infinitas victorias en campeonatos. El bohemio de Patrick, el que era capaz de dormir en vagones de trenes o en un coche para estar cerca de las paredes, se hizo asiduo a los saraos compartiendo fotos y protagonismo con Alain Prost o el mismísimo Michel Platini.

El personaje de películas de escaladas, se comió con el tiempo al incansable escalador que infinitos méritos deportivos. Pocos años después de irrumpir y derrumbar la escalada clásica, Edlinger desapareció del escenario y los focos cuando la escalada se convirtió en un deporte común. No fue una estrella apagada por las drogas o la que se ve echada del tren de la fama, pues hoy en día sigue escalando diariamente y compartiendo sus sueños e ideales con los amigos de toda la vida. Referente y casi creador de la escalada deportiva, asíduo a certámenes de cine de montaña y competiciones de plataformas artificiales, sigue viviendo en el Verdón, aquel al que le debe todo.

 


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