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Su primer mandamiento ‘Mientras hay vida hay escalada’
le ayudó a asimilar su ‘desaparición’ del
panorama, porque siempre tuvo muy clara su prioridad fundamental.
El
rubio Edlinger y el moreno Berhault se convirtieron en la cordada de
referencia. Sus aperturas en libre marcaron el baremo de la dificultad,
el reto a conseguir. Lo de antes dejó de contar. Uno, famoso,
guapo y aguerrido, mientras que el segundo era tímido, oscuro
y un poco más purista, prefiriendo dificultad técnica
por encima de espectacularidad. Con los años Edlinger perdió
brillo mientras que resurgía la figura de Berhault debido a una
enorme travesía con objeto de cruzar los Alpes desde Eslovenia
hasta el Mediterraneo. En esta recolección de cumbres clásicas
de Europa se volvieron a unir en algunas cordadas estos dos grandes
mostruos. Hace dos años Berhault encadenó las 16 rutas
de acceso al MontBlanc (4.808 m) en solo 22 días en modo invernal
inscribiéndose así en el libro de oro del alpinismo. El
objetivo para este año era la consecución de 82 cumbres
de más de 4000 metros en sólo 82 días.
Como
todos los aventureros enterrados en la montaña para más
gloria del mito, Berhault perdió la vida el pasado 28 de Abril
en la arista que va del Tasch-horn al Dom (4.545 m, Alpes Suizos) cuando
luchaba por conseguir la número 67. Berhault dejó huérfano
a Edlinger, haciendo lo que siempre supo y quería hacer. Morir
en la montaña sin dejarse intoxicar por el mundo de las competiciones.
Uno sincero y siempre fiel al manifiesto
de los 19, el otro anárquico y televisivo. Una vez más
la montaña fue selectivo y prefirió devorar como Saturno
a su hijo predilecto.
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© Alfonso Viñuela:: yambria :: barcelona :: 2004
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