perdido perro pequeño |
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Quizá se conocieran por necesidad, la necesidad de ahogar la soledad, de descansar de uno mismo. ¿Amada tú me quieres? Cuantas veces le había escrutado Amador con esa mirada, imposible
de aquellas palabras. ¿Amada tú me quieres? No puede ser más que otra historia más de amor, en la que los Amadores recurrirán a los amigos y los amigos a los burdeles y donde los Amadores se cansaran de los amigos y de los burdeles y las cosas volverán un paso un poco más alejado de donde estaban antes. Las Amadas se quedaran en casa deshojando la margarita de la conveniencia de verle y lo dejaran para más tarde y se cansaran del tiempo y de las margaritas y dejaran las cosas en su sitio o cerca de él. Y el amor seguirá su curso allí, acá; ¿que necio afirma que los trenes si pasan se pierden?, si el tiempo es circular y basta simplemente con quedarse esperando en la estación ( la primavera) ¿Amada tú me quieres? Y volver a empezar. Dos largos meses costó que Amador burlara las mechas de Amada y le durmiera un beso dos meses en los que yo apadrinaba entre los bancos del parque ese amor tan digestivo, que se tomaba su tiempo. Yo iba al parque a leerles ese amor porque no había mejor ficción
que esa historia de insistentes paseos. Un año después me he vuelto a encontrar con Vinicio de Moraes y con el parque lleno de enamorados que salen a celebrar la primavera y sus abriles. Uno comienza como finaliza dándole vueltas al tiempo. ¿Amada tú me quieres?
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