perdido perro pequeño |
|
|
|
|
| Lancry tocaba con las luces apagadas. La oscuridad le daba el valor suficiente para no reirse mientras cantaba su canción favorita. Se había convertido en un ritual que descubríamos cada domingo: .... y para terminar!!!!... yo mismo le apagaba las luces y le pedía su canción. Era mi manera de agradecerle que me hubiera acompañado durante tanto tiempo. Entonces se crecía. Todos cerrábamos los ojos, yo al menos lo hacía, y su voz llenaba la habitación por muy grande que fuera. La verdad es que daba igual si cantaba bien o mal; después de 2 años habíamos descubierto el secreto del clímax y sabíamos cuando había que apagar la luz. Para entonces las oyentes de turno estaban preparadas para la oscuridad y para lo que hiciera falta. Mientras, yo intentaba seguirle con mi torpe punteo, siempre tocaba lo mismo: Re, Re, Re y de vez en cuando un Sol, para iluminar fugazmente la habitación y poder descubrir a Sofia con la cara desencajada por el placer que le proporcionaba su propio dedo. Como casi todos los descubrimientos, este también fue por casualidad. El día que nos conocimos éramos dos individuos individuales, cada uno con su canción mediocre. Yo me bajé del taxi con los huevos por corbata y una colección de maletas ordenadas por colores, todas de 20 kg.; la carrera me había salido por un pico, pero es lo que tiene que te lleve un corredor de Fórmula 1 por los retorcidos caminos de Fuerteventura, que es caro. En esos momentos, contento de seguir vivo, me hubiera abrazado a cualquiera y apareció Lancry con la sonrisa cómplice del que ya ha pasado por todo eso y me ayudó a bajar la guitarra. (.......) Igual que ahora, le entrego la guitarra y salimos del coche. Nos acompañan 2 nuevas oyentes; ya se como acabará esto: tocaremos 10 ó 12 canciones alrededor de la cachimba, fumaremos esa mermelada de manzana y .......... para teminar!!!!!!!!!.......
© ::El vendedor de sueños:: yambria :: barcelona :: 2004 |