|
- ¿ Por qué has llegado tarde?, Julio. Seguro que tienes
una excusa- pregunto Doña Merche, pronunciando exageradamente
cada sílaba.
- Me entretuve por el camino, había mucha gente en el camino
al colegio, todas las señoras del pueblo estaban reunidas a la
puerta de la iglesia – mintió Julio, sin comprender lo
que estaba sucediendo.
- Dice Inés que eres capaz de contar las letras de cada frase.
Te propongo un juego, si aciertas cuántas letras tiene la siguiente
frase no te castigo, si fallas te quedas una hora más al finalizar
el colegio. Vale?.
- Sí – respondió Julio, dándose cuenta que
formalmente no había existido la forma interrogativa en su petición.
- Tienes un minuto. El niño llegó tarde al colegio por
perezoso – enunció Doña Merche, leyendo de su libreta
donde sumaba positivos y negativos a todos su alumnos.
- 50 – respondió rápidamente Julio.
- Has fallado, son 36 – casi gritó la profesora, ufana
por el fallo de su alumno.
- Pero, pero.. si la frase tiene 50.
- Bueno, por parejas quiero que cada grupo sume las letras de la frase,
escribid: “ El niño llegó tarde al colegio por perezoso”
– ordenó Doña Merche, feliz de comprobar cómo
todos esos cursos de ayuda pedagógica habían tenido su
utilidad.
- Pero la frase era: “Tienes un minuto. El niño llegó
tarde al colegio por perezoso”- gritó triunfante Julio
Tras un momento de desconcierto, Doña Merche se volvió
bruscamente sobre su cuaderno, anotó la primera frase, y procedió
a contar el número de letras. Claramente se percibió la
sorpresa en su rostro. Levantó la vista ligeramente para bajarla
rauda sobre el papel.
Julio era feliz, era tan feliz que no se percató de los murmullos
a su alrededor, era tan feliz que nunca vio cómo lo miraban sus
compañeros, tan feliz que no se dio cuenta de que nunca volvería
a ser Julio.
Doña Merche dejó de apoyarse sobre su pupitre, se dirigió
directamente hacia Julio y lo más calmadamente que pudo le dijo:
Cuando alguien tiene un don no tiene que vanagloriarse de él.
No debes ser tan prepotente.
Julio no sabía el significado de esa palabra, pero esas 10 letras
se le quedarían indeleblemente grabadas en su mente.
Como todo niño desarrolló rápidamente un mecanismo
de defensa, él no quería ser distinto a los demás,
no quería ser prepotente, si él era capaz de contar las
letras en las frases de sus compañeros, ellos deberían
ser capaces de contar las de él.
Los padres de Julio nunca comprendieron el cambio en el comportamiento
de Julio, entendieron su actitud como un exceso de timidez, y así
se lo transmitieron a los tres psicólogos que Julio visitaría
en los siguientes años: “Doctor, mi niño es extremadamente
tímido, pero antes no era así, antes era un niño
despierto, muy buen niño, pero ahora ya prácticamente
no habla”. Sólo Don Jesús se acercaría a
la realidad de su comportamiento: “Señora, su niño
no es tímido en sí, por alguna razón él
se impone esa limitación, y es ahí dónde debemos
concentrar nuestra atención”.
volver
[1] [2]
[volver al index]
© Tismeda :: yambria :: barcelona :: 2004
|