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Bas Jan Ader

 


:: Tomás Muñoz Sacristán ::

(Ideas surgidas a raíz del programa ofrecido por la Enana Marrón 10.10.02)

Los Angeles, una apacible casita suburbial. Bas Jan Ader está encaramado en su tejado a dos aguas, sentado en una silla colocada arriba del todo, sobre el vértice, donde se juntan los dos planos rojos. El corto se titula “The Fall”, dura unos segundos. La película ha tenido que ser restaurada después de los daños sufridos cuando a unos bedeles del museo holandés que la almacenaba se les ocurriera echar un vistazo y comprobar lo que contenían aquellos misteriosos carretes. ¿Qué esperaban encontrar? ¿sexo experimental?
Bas Jan Ader se balancea en la silla hasta caer y después se desliza por el tejado. La primera impresión en el espectador es que la caída no resulta limpia. No tiene la belleza pura del caer de una esfera, del rodar de un peñasco montaña abajo. El cuerpo del artista es un cuerpo empeñado en caer y a la vez resistiéndose a caer. Es una caída farragosa, a ratos parece muy forzada, como si la inclinación del tejado hubiera sido insuficiente y a Bas Jan Ader no le hubiera bastado el primer desequilibro y hubiera tenido que esforzarse, que arrastrarse hasta la siguiente caída.

“Si arrojas una piedra al agua se precipitará por el camino más rápido. Lo mismo le ocurre a Siddhartha cuando se propone alcanzar una meta: Siddhartha no hace nada: espera, medita, ayuna, pero atraviesa las cosas del mundo como la piedra, el agua, sin hacer nada, sin moverse, dejándose atraer, dejándose caer. Su propia meta lo atrae, pues él no deja penetrar en su alma nada que pueda apartarlo del objetivo propuesto”. Eso le dice Siddhartha a la bella Kamala, la experta cortesana. Pero ese dejarse atraer, esa indefectible fuerza de la gravedad es difícil encontrarla como motor de nuestras vidas. Nuestro vivir se parece mucho más a la caída por el tejado de Bas Jan Ader, una mezcla (y como toda mezcla, sucia en la acepción de impura), desear la caída y a la vez tratar de evitarla. Lo fácil sería que bastara con dar el primer paso, soltarse las manos, como en “Broken Fall” (Organic) colgando de la rama de un árbol sobre un riachuelo de aguas poco profundas. Una caída bella, una caída en línea recta. Lo sencillo sería desear las cosas sin estorbos, sin distracciones. Deseos en línea recta. No es así.

 

 


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