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| (Ideas surgidas a raíz del programa ofrecido por la Enana Marrón 10.10.02) Los Angeles, una apacible casita suburbial. Bas Jan Ader está
encaramado en su tejado a dos aguas, sentado en una silla colocada arriba
del todo, sobre el vértice, donde se juntan los dos planos rojos.
El corto se titula “The Fall”, dura unos segundos. La película
ha tenido que ser restaurada después de los daños sufridos
cuando a unos bedeles del museo holandés que la almacenaba se
les ocurriera echar un vistazo y comprobar lo que contenían aquellos
misteriosos carretes. ¿Qué esperaban encontrar? ¿sexo
experimental? “Si arrojas una piedra al agua se precipitará por el camino más rápido. Lo mismo le ocurre a Siddhartha cuando se propone alcanzar una meta: Siddhartha no hace nada: espera, medita, ayuna, pero atraviesa las cosas del mundo como la piedra, el agua, sin hacer nada, sin moverse, dejándose atraer, dejándose caer. Su propia meta lo atrae, pues él no deja penetrar en su alma nada que pueda apartarlo del objetivo propuesto”. Eso le dice Siddhartha a la bella Kamala, la experta cortesana. Pero ese dejarse atraer, esa indefectible fuerza de la gravedad es difícil encontrarla como motor de nuestras vidas. Nuestro vivir se parece mucho más a la caída por el tejado de Bas Jan Ader, una mezcla (y como toda mezcla, sucia en la acepción de impura), desear la caída y a la vez tratar de evitarla. Lo fácil sería que bastara con dar el primer paso, soltarse las manos, como en “Broken Fall” (Organic) colgando de la rama de un árbol sobre un riachuelo de aguas poco profundas. Una caída bella, una caída en línea recta. Lo sencillo sería desear las cosas sin estorbos, sin distracciones. Deseos en línea recta. No es así.
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