perdido perro pequeño

búsqueda manifiesto enlaces yambrientos versión imprimir home


Enero en el piso[5]

Donde había quedado con el inquilino era el mismo sitio en el que estaba unos minutos más tarde con J, “el del Ivima” para los que tenéis mala memoria. Sus hermanos y él tienen algunos pisos heredados, y los alquilan. Le conté toda la historia. Él me contó que tenía una señora que llevaba más de año y medio sin pagarles, y burlándose continuamente de ellos, diciendo que no conseguirían nada, ya que ella era insolvente. Que legalmente, él tendría que esperar meses hasta poder echarla. Pero creo que la anécdota (no sé si llamarlo así) del piso en el cual se enteró de que habían encontrado un alijo de mil millones de pesetas de heroína fue el que me tranquilizó el que más (“mal de muchos…”.) Y la operación policial que le contó el portero de la urbanización para entrar en la casa. Figuras con subfusiles moviéndose en las sombras, rodeando el recinto, un policía que entra en la caseta, muestra la placa, y le dice al guarda que se dé un paseo. Lo cierto es que lo de mi paquetito era un poco lamentable. Me aconsejó que podía decirle a F O. Para cuando nos despedimos, ya estaba bastante más distendido.
El día siguiente preparé una lista con copias de las facturas que se me debían, cogí el contrato de alquiler, y preparé una tabla con la suma de lo que me tendría que dar por ley el inquilino. Por la mañana me llamó el policía que había venido a mi casa con la pija el primer día, comentando que yo había llamado hacía unos días, contando lo del vaciado del piso. “Pues sí”. La verdad es que poco apoyo había recibido de ellos. Le repetí lo que le había relatado ya a su compañero el otro día. Le dije que había quedado con F O, y que íbamos a hablar, a quedar en algo. Según el policía, habían subarrendado el piso o parte de él, pero si yo llegaba a un acuerdo con F O, no tenía ningún problema, así yo podría alquilar antes el piso. Que tenía suerte que no hubiesen intervenido judicialmente el piso, me hubiese quedado sin él durante tiempo.
Llegué pronto al local, sirve también para las entrevistas. F O llegó puntual, y le reconocí enseguida, aunque no se parecía mucho a la foto del contrato de trabajo caducado que había presentado al hacer el alquiler. Nos sentamos a tomar algo, “una infusión” él, un refresco yo. Le expliqué lo que decía el contrato, y le mostré las copias de las facturas que no había pagado. Él habló como por el teléfono, muy educadamente, casi servilmente. Que había tenido problemas con la mujer. Estaba claro que no podía pagar todo lo que me debía, pero el hecho de que estaba dispuesto a pagarme algo era más que positivo para mí. Dijo que había comprado todos los muebles, que estaban nuevos, que podían formar parte del pago, pero dije que no. Al final llegamos a un acuerdo, y al día siguiente iríamos al piso con un cerrajero para que cambiase las cerraduras. En cuanto yo recibiese la transferencia de la cantidad acordada y sacásemos sus muebles, firmaríamos una rescisión del contrato, en cada una de las copias. Él no estaba seguro de tener su copia, pero la buscaría. Si no, se llevaría una fotocopia de mi contrato. Para que todo fuese perfecto, tendría que firmar la inquilina también, pero con una firma me daba por satisfecho.
Por la mañana el día siguiente vi sorprendido que ya había recibido la transferencia. Por la tarde llegué al piso al mismo tiempo que el cerrajero, antes que F O. Al cerrajero le dije que empezase su trabajo. También era sudamericano, lo cual me dio mal rollo, pero ya llevaba encima la sensación de mal rollo desde hacía dos semanas. Al poco tiempo llegó F O con un amigo. Desmontar la cerradura fue un poco aparatoso: no había tomas eléctricas en el descansillo, y hubo que pedir una alargadera a los vecinos, para que el cerrajero taladrase la cerradura. Yo tenía las llaves en mi bolsillo, pero preferí no decir nada. Tras un rato, y dos cerraduras destrozadas, entramos en el piso. Casualmente estaba sorprendente limpio, barrido y fregado, con toda la basura ordenadita en sus bolsas de basura al lado de la entrada, vacío de ningún objeto personal, sólo muebles, y sólo un par de luces encendidas, ningún grifo abierto, ni desperfectos señalables. F O pagó al cerrajero al acabar su trabajo, me quedé con las llaves, y nos dedicamos a desmontar los muebles. Tenían una pequeña furgoneta en el garaje. No cupo todo, y se tuvieron que ir, dejando cosas en el piso. Para cuando volviesen, ya sería de noche, y no habría portero ni gente pululando por el edificio. Como había recibido la transferencia por la mañana, no creía que iba a acabar la noche abierto en canal, aunque me lo imaginé.





 


continúa [1] [2] [3] [4] [5] [6]
[volver al index]