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la dama convertida en raposa [1] :: felix angel muñoz valenciano :: |
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| ¿Qué
es lo que soy?
Los domingos por la mañana los dedico a los libros viejos. De
lo que se trata es de salir de casa con una bolsa de viaje vacía
y regresar con ella repleta de ejemplares raros o curiosos. Hay que
madrugar. Salgo de casa a las siete, cuando todavía es de noche,
y aparco cerca del parque de bomberos de la Puerta de Toledo. Entro
por la calle Capitán Salazar Martínez y el primer contacto
lo tengo en la esquina de Arganzuela con Mellizo, donde suele poner
libros baratos un chaval que tiene el pelo color estropajo . El domingo
pasado le compré un tomo suelto de la Biblia de Scio, del año
1851,con muchas notas, y textos a doble columna en latín y castellano.
En esa calle hay otros puestos con libros, pero no me detengo porque
ya sé que son caros. Subiendo por ‘Mira el río baja’,
un señor manco también tiene libros. Siempre regateamos.
Él siempre me argumenta que son antiguos, da lo mismo que tengan
veinte que doscientos años. Yo me di cuenta de que cuanto más
le pagaba una vez, más me pedía la siguiente, pero un
cambio de táctica me solucionó el problema. En la calle
Carnero compré varias primeras ediciones de los años cuarenta.
La parada siguiente la hago en la plaza del General Vara del Rey, allí
está el más madrugador, Antonio. Antes de las seis de
la mañana ya hay gente esperándole. También es
el más barato. En la esquina opuesta, se encuentra José,
un gitano joven que trae los libros en sacos. Ya le he dicho que esa
en una mala forma de transportar libros, pero él me dice que
más dañinos que los sacos, son los clientes que doblan
las hojas y estiran de las pastas hasta arrancarlas. Antes de abandonar
la plaza es imprescindible la visita a la tienda Las pulgas, de Luis,
y rebuscar entre las ocho o diez cajas de libros a un euro. Yo hace
mucho tiempo que lo conozco y a veces desayunamos juntos. Luis siempre
toma churros con coca-cola. Si tras estas visitas quedara hueco libre
en mi bolsa entonces me dirijo a la calle Carlos Arniches, a mirar en
el tablero que pone el hijo de Bernardo. En el puesto de su padre, que
también se llama Bernardo, ya hace tiempo que no entro, porque
desde que se separó de su hermano, se ha vuelto un carero. Y
con esto termina mi ruta salvo que busque libros nuevos de actualidad,
que se encuentran rebajados un 30% en la plaza del Campillo del nuevo
Mundo. El regreso al coche muchos días lo hago con la lengua
fuera y si no fuera por hotel Puerta Toledo... ¡Qué desayunos,
madre mía! No creo que nadie fría mejor los churros en
todo Madrid. ¡¿Y el chocolate?! Tan negro, tan espeso,
tan calentito... Al abandonar el hotel manejo mi bolsa de libros como
si pesara la mitad.
sigue
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