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Y sin embargo lo más emocionante viene después,
cuando llego a casa y sentadito delante del ordenador empiezo a sacar
los libros de la bolsa, uno por uno, y a buscarlos en ’libroantiguo.org’,
una web con más de millón y medio de ejemplares catalogados.
Allí me entero de sus precios, de muchas más cosas superinteresantes
para un bibliófilo... Por ejemplo, el domingo pasado traje por
un euro el siguiente librito
GARNETT, David. La dama convertida en raposa. Traducción
de Luis I. Bertrán.
Barcelona, Ediciones Aymá, 1942 (‘Col. Selene'). 4to. menor;
155 pp., 1 h. Con 10 ilustraciones a toda página de Elvira Elías.
Primera edición española. Encuadernación original
en tela estampada. ~Literaturas Extranjeras trad. español - Britannica~
( C51 757 )
Librería
Hesperia ( libro antiguo o de ocasión ) 30.05EUR
¿Quién sería este David Garnett?
No recordaba haber leído nada suyo. Pero el librito seguía
en mis manos... tan impecable, tan seductor... No me pude resistir a
leerlo, aunque por ello perdiera las carreras de Cheste. (Que, por ciento,
concluyeron con la apoteosis de los triunfos de Barberá y Pedrosa)
Ya en las primeras páginas se produjo la metamorfosis de la señora
Tebrick en raposa, por lo que el Sr. Tebrick, se vio obligado a despedir
de forma precipitada a tres empleadas y al chofer. También tuvo
que matar a los perros, porque olfateaban una zorra dentro de la casa,
y no dejaban de ladrar. Después de la metamorfosis instantánea
de su señora en raposa, se produjo otra segunda más lenta
que fue el devenir de un animal doméstico a salvaje. Los primeros
días la señora Tebrick, caminaba a dos patas, por parecer
más humana, jugada a los naipes con su marido... hasta que la
casa se le hizo inaguantable y él la tuvo que sacar a la calle.
Allí le ocurrieron incidentes incomprensibles para el marido
como el que se pusiera a perseguir a unos patos y descuartizara a una
paloma. El buen hombre, indignado, la recriminó, y ella parecía
compungida; pero finalmente la llamada de la naturaleza se le hizo tan
insoportable que se escapó de la casa. Estuvo fuera una larga
temporada, incluida la época de la caza del zorro, lo que dejó
al marido al borde del infarto.
Una escena muy interesante ocurrió al llegar la primavera cuando
la encontró rodeada de una camada de cinco zorritos, cosa que
le hubiera puesto muy celoso si no fuera por el encanto de los cachorrillos,
a los que el buen hombre desde el primer instante consideró como
hijos propios.
Este libro yo no lo calificaría como de género fantástico,
pues está tan documentado y basado en observaciones tan realistas
que todo parece de lo más natural. Lo único cuestionable
podría ser la metamorfosis en sí, pero incluso eso también
tiene visos de verosimilitud. Hay que decir que la señora Tebrick,
de soltera se llamaba Fox y esto de los nombres es tan misterioso...
Yo podría contar cosas muy curiosas sobre el particular. Por
ejemplo, mi abuelo paterno que era el mejor cazador del pueblo, se llamaba
Venancio. ¿Y qué significa Venancio sino cazador? ¿Conocían
los que le bautizaron que el niño tendría esa gracia?
¿Por qué le pusieron ese nombre? Cuando yo hice esa pregunta
me dijeron que se llamaba Venancio porque nació el 18 de mayo,
día de San Venancio? ¿No es esto otra casualidad? Otro
ejemplo. Tengo un amigo que lo que más le gusta son las ensaladas,
especialmente la lechuga, las espinacas y cualquier tipo de verduras.
¿Qué cómo se llama mi amigo? Pascual. Y todos sabemos
que el cordero que mama se le llama lechal y al que pasta, pascual.
¿Y qué es pastar sino comer verduras?... Yo no estoy muy
seguro de que cuando nos ponen un nombre no nos estén marcando
algún hilo de nuestro destino.
Varias veces he nombrado la palabra ‘metamorfosis’ y por
asociación de ideas me pregunté cuál sería
más antiguo si este libro de David Garnett o el de Kafka. Rápidamente
me enteré de que ‘La dama convertida en raposa’,
en su edición inglesa, se publicó en el año 1922.
¿Y si este libro fuera el precedente de la famosísima
Metamorfosis...? En mis venas noté la efervescencia de la incertidumbre.
Pero por poco tiempo, pues enseguida me di cuenta de que lo genial no
era contar una historia de metamorfosis, que ya había contado
Ovidio muchas, sino la descripción del profundo horror metafísico
que sintió Gregorio Samsa.
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